estelnegre | 02 Abril, 2008 14:47
Aquel Mayo francés,
que prometió una revolución, la de
los hijos de la sociedad opulenta, fue permeando en muchos
comportamientos.
Según el relato de Vila-Matas, es de lo poco que
quedará, en un futuro lejano,
de un pasado confuso. Para Fernando Vallespín, aquella
emancipación de las
pasiones ha terminado en un mero hiperconsumo, ahora globalizado. La
rebelión
sigue pendiente.
***
En el museo
Yo le llamo mi Rey.
Nadie me ha dado el permiso
correspondiente, pero yo estoy enamorada en secreto. Más
alto que los otros,
camina mi Rey, camina ese hombre, al que yo veo siempre algo lejano de
los
mortales. Es una persona diferente a todas. Es
–cómo diría yo– lo
más parecido
que hay a un rey, suponiendo que hubieran existido esas figuras del
Poder que,
si hemos de creer a nuestros historiadores, caminaron por el mundo
durante
siglos hasta extinguirse a finales del XXII. Camina mi adorado Rey tan
erguido
que no creo que haya reparado en mí, tan floja y absurda y
tan enana. Un día
por semana, entro en el Museo Kcic, donde trabaja de guía. Y
voy a las salas
donde mi enamorado reina. Y allí escucho cómo
cuenta a los visitantes qué fue
la cultura francesa.
Se nota por su misma
forma de hablar que sabe perfectamente
que es muy incierto lo que conocemos de esa civilización de
la Antigüedad y que
es tan escasa la información que nos ha llegado que nos
resulta difícil hacer
la reconstrucción de esa cultura, y que lo mismo sucede con
las otras
civilizaciones que exhiben en las salas del Kcic: las culturas china,
etrusca,
papú y bostoniana. Es un museo adorable el Kcic, eso nadie
lo discute. Pero de
una imperfección grandiosa. Porque a nadie se le escapa que
antes del gran
Colapso Mundial, del que pronto se cumplirán cinco siglos,
hubo una infinidad
de civilizaciones y desde luego fueron muchas más de cinco.
Y el problema
estriba en que no quedó nada de ellas, salvo los restos de
estas cinco, con las
que ahora nos apañamos como podemos. Pero son insuficientes
a todas luces para
saber algo del pasado y, además, para colmo, los supuestos
restos de esas cinco
civilizaciones no está claro que pertenecieran precisamente
a ellas, hay serias
dudas acerca de la rigurosidad de las clasificaciones y
catálogos realizados
por nuestros frívolos y oportunistas sabios de la
última generación. Por poner
un solo ejemplo, los látigos de cuero que mi apuesto y
adorado Rey presenta
como iconos máximos de la cultura francesa no acabo de creer
que pertenecieran
a esa civilización, mientras que en cambio esas botellas de champagne
que aparecen catalogadas dentro
del muestrario de la “profunda tradición religiosa
china” yo diría que más bien
pudieron pertenecer a la cultura francesa, ya que no me parece casual
que la
palabra champagne aparezca
reiteradamente en los tres únicos libros –los tres
de la abadesa Françoise
Sagan– que se han podido conservar de la cultura francesa.
Un día por
semana, me dejo caer por el Kcic y espío cómo mi
Rey enseña los restos de la civilización francesa
y cómo trata de resumir en veinte
minutos a los visitantes del día todo lo que sabe
–bien poco– de esa remota
cultura. El espectáculo sería
patético, si no fuera porque mi adorado Rey no
tiene culpa alguna de contar con tan escaso material para sus
cábalas
históricas. Y, además, quiero creer que es
consciente de su ignorancia. Le
espío un día por semana y me parece verle sufrir
particularmente cuando muestra
ese cuadro del pintor Vermeer que representa el interior de una casa de
Cadakés, legendaria ciudad situada en la costa sur francesa,
en cuyo puerto,
Port Lligat, parece ser que había una de las siete
maravillas de la Humanidad,
la estatua de un estudiante con el puño en alto, una estatua
erigida para
celebrar la revolución del Mayo francés. Pero,
¿qué clase de revolución pudo
ser esa? Mi Rey no lo sabe, no lo sabe nadie. Y un estudiante con un
puño en
alto a nosotros no nos indica más que eso: que un estudiante
llevaba el puño en
alto. Y eso es todo. Todo tipo de especulaciones que se han hecho en
torno a la
revolución y al puño han sido hasta ahora
sólo eso, meras especulaciones. Me
temo que nunca se sabrá qué fue Mayo del 68 y si
esa revolución pertenece a la
cultura francesa o bien –como sospechan algunos– a
la civilización china.
Pero es que para
colmo no se sabe si realmente existió esa
estatua del estudiante –Hércules C. Bendit, su
supuesto nombre– del puño en
alto. Y a mi Rey, además, se le nota que no está
nada convencido de que hubiera
existido esa estatua y aún menos del dibujo
electro-distóxico que han hecho de
ella para dar verosimilitud a la fabulación.
¿Contra que se rebelaron
estudiantes en ese Mayo francés que parece vertebrar toda la
cultura de esa
civilización antigua, suponiendo que ese mayo pertenezca a
la cultura francesa?
¿Quiénes eran los estudiantes apelli - dados
Renault, Cleon, Flins, Platón,
Sócrates, Heráclito, Le Mans y Boulogne
Billancourt? ¿Y por qué destacaron por
encima de todos los otros estudiantes? ¿Qué
hicieron? ¿Cuál son sus conexiones
con la civilización de Papúa?
¿Llegaron alguna vez a ser lo mismo Papúa y
Francia? ¿Tuvo en realidad el Mayo del 68 lugar en
Papúa? Preguntas que nunca
resolveremos, pues nos movemos en la oscuridad más hiriente.
Pero mi Rey no pierde
nunca la compostura ni la dignidad y
muestra cada día su ignorancia de guía con una
serenidad y resignación
admirables. Es mi hombre. Yo estoy enamorada de él. Mantiene
como nadie el tipo
y da diez veces al día su versión de la historia
de la cultura francesa y cita
siempre, impertérrito, los nombres de los sucesivos
gobernadores del flanco de
Action, al sur de Perpignan: De Gaulle, Nanterre, François
Mauriac.
La inseguridad de mi
pobre Rey es lo que más me enamora. Me
encanta muy especialmente cuando muestra esa fotografía del
viejo Parque
Natural de Sarkozy y, por primera y única vez en su
exposición pública, se
permite dudar de lo que explica y tímidamente sugiere que
tal vez, en lugar de
un parque francés, esté en realidad mostrando un
fragmento de la Muralla China,
otra de las supuestas siete maravillas del mundo de nuestra
Antigüedad tan
dolorosamente perdida. Precisamente porque mi Rey sufre por su
ignorancia, yo
confirmo mi amor por él semana tras semana. Y vivo con la
esperanza de que un
día se dé cuenta de que le quiero, y entonces me
diga algo, qué sé yo, que me
pregunte, por ejemplo si sé qué fue el Mayo
francés. Que me hable, aunque sólo
sea para darme alguna de esas informaciones que el pobre maneja y que
seguro
que están equivocadas. Que me diga cualquier palabra que yo
pueda interpretar
como una palabra de amor. Que me diga la palabra mayo, por ejemplo. Eso
sólo ya
bastaría.
Enrique
Vila-Matas
(FP,
abril-maig 2008)
***
De la rebelión al consumo
Niños
de papá tocados por la gracia” fue la certera
expresión que le
vino a la mente a Raymond Aron al contemplar a los protagonistas de una
de
tantas algaradas callejeras en el París de Mayo del 68. A
pesar de que estos
estudiantes pronto consiguieran sumar a los sindicatos a su peculiar
lucha, lo
cierto es que Aron no erraba. La revuelta cuyas imágenes
darían en seguida la
vuelta al mundo y pondrían en jaque a toda la Francia de De
Gaulle había
surgido, en efecto, de grupúsculos de estudiantes que, como
casi todos los de
entonces, pertenecían a la burguesía tradicional
o a otros grupos en pleno
ascenso social en la satisfecha Europa del acelerado crecimiento
económico de
posguerra. Paradójicamente, los beneficiarios aparentes de
este nuevo orden se
rebelaban frente a él en nombre de un ambiguo proyecto de
nuevo cuño.
Siempre
quiso verse en ellos a meros estudiantes de izquierda,
contestatarios frente al poder y solidarios con movimientos como los de
la
guerra de Vietnam y el nuevo colonialismo en el Tercer Mundo. Nada que,
en
apariencia, los hiciera muy diferentes de otros muchos
jóvenes revolucionarios
salidos de la matriz marxista. Había algo en ellos, sin
embargo, que los unía a
otros muchos grupos que por esas mismas fechas se manifestaban en otros
lugares
del mundo desarrollado y que ya no encajaba en los movimientos
marxistas
tradicionales o en la izquierda radical al uso. Qué fuera
ese algo es
lo que nunca ha sido
explicado de una manera contundente. Del mismo modo que esta
revolución
encontró en seguida su Thermidor y quedó como un
bello estallido utópico
preñado de ingeniosos eslóganes y de una bella
épica anti autoritaria, el
discurso y las condiciones de fondo que lo originaron han quedado
también
sepultadas bajo el peso de la evolución política
de las democracias avanzadas.
Lo pintoresco y novedoso del movimiento acabaría
predominando sobre su
influencia efectiva.
Es curioso
que a la celebración de los 40 años de la
rebelión
estudiantil de Mayo del 68 se una el 50º aniversario de la
publicación de La
sociedad opulenta, de
Kenneth Galbraith. Son dos acontecimientos que, en principio, no tienen
una
relación demasiado directa. Sólo en principio. Si
profundizamos un poco, en
seguida percibimos que el dibujo que en aquel libro nos
hacía el economista
canadiense conformaba el paisaje de fondo que acabaría por
dotar de sentido a
la fascinante revuelta parisina. No en vano, el mensaje fundamental del
libro
de Galbraith fue el haber alertado del error de considerar el
crecimiento
económico como un fin en sí mismo y como el
núcleo de las políticas económicas,
sin atender a otros factores más extensos. Si nos dejamos
llevar, decía, por
este mito de la “sabiduría
convencional”, perderemos de vista muchas de las
importantes consecuencias no de sea - das de esta ciega confianza en el
crecimiento económico, como el deterioro del medio ambiente,
el aumento de la
desigualdad y la obsesión por un irresponsable hiperconsumo.
De ahí que, para
Galbraith, sólo fortaleciendo al raquítico Estado
frente a una sociedad
autorregulada en torno a un ethos
puramente economicista sería posible
recobrar el timón del cambio
social para dirigirla hacia objetivos más humanos y
más pendientes de la
verdadera autorrealización del individuo.
Galbraith,
a quien la revista Time
le dedicaría la portada
–¡precisamente en 1968!–
bajo el título de ‘El gran mogol’, supo
anticipar con claridad lo que después
preocuparía a los hijos más inquietos de esa
sociedad opulenta. En un perfecto
juego dialéctico propio del más dilecto marxista,
la condición objetiva
necesaria de la rebelión de mayo fue el asentamiento de la
sociedad opulenta,
la sociedad del crecimiento económico ilimitado y el consumo
de masas. Una
nueva sociedad que, sin embargo, llevaba su antítesis, sus
contradicciones,
gravadas en sus genes. Aunque éstas sólo
empezaran a ser perceptibles a través
de la mirada y los sentimientos de esos nuevos jóvenes.
Lo que los
sesentayochistas empezaron a intuir eran los límites de las
condiciones en las que se organizaba el sistema. Sus promesas de mayor
justicia
y libertad chocaban con su experimentación de una realidad
bien alejada de esos
ideales, hipócrita y tozudamente autolegitimada en su
superioridad frente al
gran adversario socialista oriental. De ahí que su
crítica fuera directa a la
yugular del orden tardocapitalista, su casi exclusiva
justificación a partir
del bienestar económico. Y que se negaran a aceptar lo dado
como lo único
posible –“seamos realistas, pidamos lo
imposible”.
Frente al
crecimiento puramente cuantitativo y el despilfarro, y ésta
es
otra idea del economista canadiense, reclamaron una nueva e
imprescindible
valoración de los elementos cualitativos que nos son negados
por un sistema
capitalista única- mente atento al beneficio y a la
productividad. Fueron,
pues, posmaterialistas sin saberlo, antes de que el
sociólogo Ronald Inglehart
diera con el término y el concepto. Del mismo modo que hoy
los grupos
antiglobalización, con su eslogan de “otro mundo
es posible”, ignoran que en
gran medida son también posmayistas.
Desde
luego, todo este discurso se fue enhebrando a partir de un molde
intelectual marxista al que iban añadiendo nuevos tintes de
gran originalidad.
Es casi seguro que muy pocos de ellos habían
leído a Galbraith. Lo habrían
desechado como un mero reformista. Tampoco está claro que,
contrariamente a sus
correligionarios alemanes, hubieran conocido las provocadoras tesis de
Herbert
Marcuse o las de otros miembros de la Escuela de Frankfurt, aunque
muchas de
éstas encajaran como un guante en sus críticas y
aspiraciones. Puede que, a pesar
de sus farragosos escritos, los frankfurtianos estuvieran
más cerca de la
realidad de lo que muchas veces les hemos reconocido. Porque, en
definitiva,
gran parte de sus reflexiones giraban en torno a la imposibilidad de
reconstruir dignamente el concepto de emancipación en la
nueva sociedad
tardocapitalista. En El
hombre
unidimensional (1964) y otros de sus escritos,
Marcuse había dejado
clara la imposibilidad de acceder a procesos revolucionarios en la
nueva
sociedad opulenta. Sobre todo por la carencia ya de un sujeto
revolucionario
una vez transformado el proletariado en un objeto más de los
supuestos
beneficios consumistas. Sin sujeto revolucionario y, fundamentalmente,
sin
capacidad para imaginar una firme base de oposición al
sistema, éste se reproduce
sin necesidad de tener que recurrir a la represión. Su
capacidad para digerir
cualquier oposición o disidencia revierte luego, a la
postre, en un refuerzo de
las normas sociales dominantes.
Cohn-Bendit
y otros líderes sesentayochistas confiaron, no obstante, en
que una alianza entre clase trabajadora y movimiento estudiantil
sí podría
romper la espina dorsal del sistema capitalista y alumbrar una nueva
sociedad.
El propio Marcuse, en medio de las revueltas estudiantiles que o bien
anticiparon o siguieron a Mayo del 68, llegó a cobrar
esperanzas en la posible
aparición de un nuevo sujeto revolucionario, constituido
esta vez por
estudiantes e intelectuales. Los acontecimientos posteriores
acabarían por dar
la razón a su diagnóstico inicial. Esto ya lo
sabemos. Lo que quizá más merece
ser destacado de la influencia marcusiana reside ante todo en su
curiosa
combinación de elementos marxistas y freudianos. Como es
sabido, el Freud de El
malestar en la cultura ya
había llamado la atención sobre la inexorabilidad
de establecer dispositivos
represores sobre nuestro patrimonio libidinoso. Parafraseando de forma
casi
literal a Hobbes, había establecido que la vida en sociedad
sólo es posible a
partir de la represión de nuestra líbido, de
nuestras pasiones, mediante
diferentes mecanismos de sublimación. Pero que siempre
habría que saber
establecer un equilibrio entre la represión necesaria y la
superflua. Marcuse
recoge esta distinción para afirmar que en una sociedad como
la nuestra,
tecnológicamente desarrollada, se nos vende como
represión necesaria lo que en
realidad no es sino un mecanismo de legitimación del orden
existente. Bajo las
condiciones objetivas de una sociedad opulenta las posibilidades para
la
libertad y para una vida más plena y libidinosa
están abiertas. El problema no
reside tanto en dichas condiciones cuanto en nuestra propia capacidad
para
tomar conciencia de dicha posibilidad. Y ahí es donde los
mecanismos del
sistema tendrían una asombrosa eficacia, fundamentalmente a
través de una
cultura de masas manipuladora.
No hace
falta decir que esa misma idea es la que, de manera más o
menos
consciente, persiguieron nuestros sorprendentes sesentayochistas. Su objetivo
era reclamar a
la represiva sociedad de sus padres una nueva forma de
liberación que ellos
intuían posible. De ahí que la
liberación política se diera la mano con la
sexual y de costumbres.
Sin palacios de invierno
El objetivo
a batir era la autoridad, una autoridad a la que había que
oponerse
casi por principio para liberar lo soterrado; aquello que ansiamos pero
que se
nos impide imaginar como realizable. El poder que sostiene esa
autoridad
carece, sin embargo, de un Palacio de Invierno que tomar. Lo
característico de
las sociedades modernas complejas, y aquí suenan los ecos de
Adorno y
Horkheimer, es que las promesas emancipadoras de la ciencia y la
tecnología nos
han permitido acceder a un mejor control del mundo, pero han revertido
después
en una nueva forma de poder anónimo e inaprensible. El
desarrollo del proceso
de racionalización moderna no ha acabado de satisfacer
algunos de los atributos
fundamentales de lo humano y su organización en sociedad. Y
puede que los
movimientos sesentayochistas fueran la primera manifestación
explícita de este
fracaso civilizatorio.
Hundidas
las ilusiones en la revolución socialista, los satisfechos
hijos de la sociedad opulenta gritaron al mundo su
insatisfacción, sus
esperanzas por acceder a lo “completamente otro”
(Adorno) que, decían, les era
negado bajo las condiciones actuales. Todavía
sólo tenían a mano el
instrumental de las revueltas de la tradición marxista y un
buen acopio de
textos –¿quién no los
recuerda?– de frankfurtianos, Sartre, toda la
retahíla
del neomarxismo, pero su movimiento apuntaba a algo más
profundamente nuevo.
Fue una especie de fogonazo que en nombre de la revolución
consiguió vacunar a
las sociedades occidentales frente a ella, pero que a la vez no se
disolvió
como el humo de los botes de la policía.
La
rebelión no sería integrada con facilidad. Es
bien cierto que el
movimiento en seguida encontraría su cierre thermidoriano con
las elecciones anticipadas a
la Asamblea Nacional que convocara De Gaulle a finales de junio de ese
mismo
año, y que derivaron en una apoteósica derrota de
la izquierda. Previamente, el
29 de mayo, el movimiento estudiantil ya tuvo que acusar otro golpe
simbólico
importante en la espontánea manifestación en
defensa del orden de la V
República que convocó a cientos de miles de
personas. El espacio estudiantil
por antonomasia, las calles de París, era ocupado ahora en
su contra por
aquellas masas a las que supuestamente habían decidido liberar.
Abandonados por el
Partido Comunista y huérfanos en seguida del inicial apoyo
sindical, la
rebelión se acabaría por disolver como un
azucarillo. Con ello se puso de
manifiesto la solidez del blindaje de las sociedades opulentas frente a
las
veleidades revolucionarias. De la democracia burguesa no se
transitaría ya, ni
en Francia ni en ningún otro lugar, hacia una democracia
popular o a un nuevo
tipo de socialismo. Fin de ciclo también para toda esperanza
en la espontaneidad
revolucionaria neoespartaquista.
Pero
aquellas sociedades no saldrían del todo
incólumes de este
insolente movimiento de rebeldía. Por seguir en Francia, De
Gaulle apenas
conseguiría sobrevivirlo al perder el referéndum
del año siguiente, y el Estado
y la sociedad francesa comenzarían un proceso de reformas
que iban desde un
espectacular aumento de los salarios más bajos hasta una
nueva forma de
gobernar, menos rígida y más abierta a los nuevos
desafíos sociales; menos
susceptible de dejarse someter por el diktat de los
políticos y más propensa a la crítica
y
la deliberación dialógica. Pronto se fue
más o menos consciente de que había
empezado un proceso de renovación de la anquilosada
democracia liberal. A decir
de Luc Ferry, una de las principales consecuencias de Mayo del 68 fue
la
incorporación directa a la vida política de los
jóvenes y las mujeres. En
seguida se unirían a ellos otros grupos hasta entonces
marginales, y los así
llamados nuevos movimientos sociales comenzarían pronto a
sembrar la alarma en
los partidos, que ahora no podían dejar de ser receptivos a
muchas de las
demandas de estos grupos sociales a la búsqueda de su
reconocimiento. Con todo,
puede que éstos no fueran los efectos más
profundos y a largo plazo de la
revuelta. El más hondo y perdurable seguramente tiene que
ver con su rasgo más
acentuado: la desconfianza hacia el poder, hacia toda forma de poder;
su veta
antiautoritaria, en el sentido más amplio de autoridad.
Obsesión 'neocon'
El triunfo
de los sesentayochistas –los franceses y los de otros
lugares– no fue en las calles ni, necesariamente, en la vida
política. Su
impacto se percibió sobre todo en el cuestionamiento radical
de la autoridad
que poco a poco se fue trasladando al ámbito educativo, ya
fuera la familia, la
escuela o la universidad. Seguramente fuera esto lo que Nicolas Sarkozy
tenía
en mente cuando durante pasada la campaña presidencial
hiciera un llamamiento a
“acabar con la herencia del 68”. Éste ha
sido también el principal temor que
desde entonces han manifestado los neoconservadores de todo el mundo
hacia esa
nueva sociedad permisiva.
Pero no
sean optimistas. Esa permisividad que tanto preocupa a los
conservadores tiene los pies de barro. Por decirlo en
términos marcusianos, no
es sino un subterfugio más del sistema para facilitar las
nuevas condiciones
objetivas del capitalismo en ésta su nueva fase. Sin el
hiperconsumo y el
consiguiente impulso interior en los individuos para satisfacer unos
casi
patológicos deseos de compra no sería posible
sostener el nuevo sistema
productivo. No hay “contradicciones culturales del
capitalismo” (Daniel Bell).
La cultura de la permisividad y la ruptura de los controles puritanos
sobre la
libidinosidad no sólo no son un peligro para el nuevo orden
sino su presupuesto
necesario. Y uno no puede dejar de sentir un cierto punto de tristeza
cuando
observa cómo la famosa emancipación de las
pasiones se traduce al final en
términos de una mera capacidad de consumo. Aún
queda una rebelión pendiente,
aunque esta vez es mucho más difícil
señalar el objetivo. En unos momentos en
los que ya ni siquiera creemos en el progreso y el futuro se nos
muestra
cargado de temores, parece como si ya tuviéramos bastante
con conservar lo
existente. ¡Ironías de la historia!
Fernando
Vallespín
(FP,
abril-maig 2008)
estelnegre | 01 Abril, 2008 14:32
Aquest dijous 3 d'abril,
a les 19.30 hores a la plaça d'Espanya
Si
ets dels que utilitzarien la bicicleta si hagués
carril-bici per anar a la feina o passejar per Palma, però
no ho fas per por al
trànsit.
Si
vols humanitzar els barris, lliures d'embussos,
fums i renou, però al teu barri no hi ha carrers per als
vianants, zones
verdes, ni carril-bici.
Si
vols que els teus fills puguin jugar al carrer
sense perill de cotxes i vols carrils-bici perquè vagin tot
sols a l'escola.
T'agradaria
la teva ciutat amb carrers enjardinats
i parcs per on passejar sense les molèsties del
trànsit?
Anima't
i reclama amb nosaltres, vine a fer una
volta amb bicicleta per Palma. Junts ens farem notar.
El
primer dijous de cada mes, a la plaça d'Espanya,
a les 19.30 hores.
Perquè volem barris democràtics on el trànsit no reprimeixi la convivència dels ciutadans, ja siguin nins, adolescents, adults, ancians o minusvàlids, no volem que la nostra ciutat sigui un pou negre de cotxes.
Recorregut:
-
Començament: Plaça d'Espanya, Avda. Alexandre
Rosselló, Porta de Sant Antoni.
-
Canvi de sentit: Plaça d'Espanya, Avda. Comte
Sallent, Blanquerna, Bartomeu Pou, Ausias March, Geral Riera, Batle
Massanet, Plaça París, Colliure, Sant
Vicenç de
Paul, General Riera, Avda. Comte Sallent, Via Alemanya.
971 207 441
estelnegre | 31 Març, 2008 20:36
Dijous
10 d'abril a les 20.00 hores
Punto de mira
(2000,
Regne Unit, dirigida per Karl Francis)
***
Dijous 17 d'abril a les 20.0
hores
The Big One
(1997,
Estats Units, dirigida per Michael Mooere)
***
Dijous
24 d'abril a les 20.0 hores
Iraq. El valle de los lobos
(2005, Turquia, dirigida per Serdar Akar)
***
Tots
el
actes es duran a terme al local de CNT Palma
Us hi esperem!
Palau Reial, 9, 2n (Ciutat)
971 726 461
estelnegre | 30 Març, 2008 08:02
Des de 1.996 fins a l’actualitat la nostra organització ha passat per moltes etapes, i durant aquesta última que patim ha arribat a dir-se que Creu Negra Anarquista Península Ibèrica no existia o fins i tot s’ha arribat a usar el nostre nom per a danyar al company Claudio Lavazza, en inventar-se la notícia de la seva mort. Fets com aquests ens han donat l’empenta que ens faltava per a reorganitzar-nos i concretar qui som per a qui no ens coneixen, o es pensaven que érem una altra cosa, o ens han oblidat...
A través d’aquestes línies simplement anem a realitzar una autocrítica (no som d’aquestes organitzacions que les seves crítiques externes són preses com heretgies i les autocrítiques són inexistents) i una descripció de la situació actual, més la pretensió de futur immediat que tenim.
No anem a realitzar una descripció de la nostra història contemporània. Després de l’intent de criminalització que va dur a terme l’Audiència Nazional i alguns cops repressius contra companys/es no va haver-hi un augment qualitatiu de l’activitat i sí una gran descoordinació que va anar ampliant-se successivament. Els intents d’organitzar-se a nivell de Península Ibèrica i Illes no van ser més que això, intents, no arribant-se des de fa molts anys a uns nivells seriosos d’organització de grup i activitats conjuntes i coordinades.
No sabríem dir a quin fet es va deure el gran creixement en nombre de grups i militants de l’organització en el passat, en un determinat moment, però gran part d’aquests van anar abandonant Creu Negra Anarquista quan s’incidia en reafirmar que érem una organització de grups federats, o després dels cops repressius. Cadascú és lliure d’organitzar-se com cregui oportú, construir el que desitgi i atacar el Capital-Estat de la forma que consideri... Creu Negra Anarquista de la Península va tenir la intenció des del seu inici de constituir-se en una federació de grups. Potser això no quedava clar per a tota la gent que ingressava a CNA, o hi havia companys/es que apostaven per altres models d'organització. Això ja es va debatre de forma interna i es va considerar que el funcionament de la CNA és el que era i és.
Una vegada clar l’anterior, ens trobem amb que el problema ara era un altre: calia dur a la pràctica el model d'organització pel qual apostàvem. Però això va ser difícil a causa de circumstàncies del moment i al final no va succeir. Un dels grans problemes de CNA en els últims anys ha estat (i pretenem de distintes formes que d’ara endavant no ho sigui més) la descoordinació total.
Els grups de CNA han seguit en tot moment amb la seva activitat, no de forma conjunta però si duent a terme les activitats pròpies de cada grup. Per això CNA en cap moment ha deixat de ser o existir. Això s’ha hagut de notar en les ciutats respectives i amb presoners anarquistes determinats.
Després d’aquesta aturada de la coordinació, que ha suposat que molta gent pensés que no existíem, deixem clar que no només existim, sinó que hem mantingut la mateixa activitat de sempre i que seguirem fent-ho, però ara amb la pretensió de mantenir una estructura organitzativa pròpia que ens ajudi a lluitar en conjunt.
A través del nostre òrgan de difusió a la xarxa (que anirem actualitzant i intentant millorar) que torna a ser la nostra pàgina web, qualsevol persona podrà saber on hi ha grups de CNA, a qui dirigir-se, com funcionem, quins són els nostres principis, tàctiques i finalitats, les relacions amb altres grups i com formar un grup de CNA/ABC Tot això eliminarà qualsevol malentès i qualsevol mite sobre la nostra organització.
Els grups de Creu Negra Anarquista posem ara en pràctica el nostre model d'organització i la nostra activitat de forma coordinada i el més seriosament possible. No formem part de cap joc ni de cap espectacle. Hem pogut tenir innombrables errors en el passat. Intentarem aprendre d’ells i no repetir-los. Per a això comptem amb totes aquelles persones que vulgueu col·laborar amb la nostra lluita, que al cap i a la fi és la de tots i totes, ja que la societat presó ens va afectant cada vegada més. Seguim lluitant per l’abolició del Capital-Estat i les seves institucions repressives, no oblidant en cap moment als nostres companys i companyes segrestats.
Federació de Grups de la Creu Negra Anarquista (Península Ibèrica i Illes)
estelnegre | 29 Març, 2008 10:21
Un jutge federal nord-americà diu que hi va haver irregularitats en el procés
Un jutge federal nord-americà ha ordenat revisar la sentència de pena de mort al periodista i exmembre del grup Panteres Negres Mumia Abu-Jamal, per l'assassinat d'un policia de Filadèlfia. El magistrat considera que hi va haver irregularitats en el procés, i per tant que el judici s'ha de tornar a fer. Ara, si el fiscal no decidís demanar la pena de mort, Abu-Jamal seria condemnat a cadena perpètua. El periodista radiofònic és un símbol de la lluita contra la pena capital i contra el racisme.
Abu-Jamal nega que matés un policia blanc després de fer un control viari al seu germà negre. El jurat, format per blancs, el va condemnar a la pena de mort, però el periodista va recórrer la sentència perquè considerava que havia estat víctima del racisme. Un jutge va demanar que es repetís la vista oral en detectar-hi irregularitats, però el fiscal va recórrer la sentència el 2001: aquest fet va desencadenar protestes d'universitaris i advocats. I és que els escrits i els discursos crítics d'Abu-Jamal sobre el sistema de justícia nord-americà van impactar la societat.
Amnistia Internacional sempre ha sostingut que el judici oral a Abu-Jamal va ser irregular.
***
La sentencia de Mumia Abu-
Jamal será revisada
Un tribunal de EE UU ordena una decisión sobre la ejecución pendiente del activista negro

Por dos
votos a uno, el Tribunal de Apelación de Estados Unidos ha
ordenado que el
estado de Pensilvania tome una decisión en tres meses sobre
si ejecuta o
encarcela de por vida al activista negro y periodista Mumia Abu-Jamal,
condenado a muerte en 1982 por el asesinato de un policía en
Filadelfia, y
recluído desde entonces.
La ejecución de
Abu-Jamal ya fue suspendida en 2001 por otro tribunal
al considerar que la exclusión de varios miembros negros del
jurado, así como
las instrucciones que recibieron acerca de la forma en que
debían considerar
los atenuantes, fueron inconstitucionales. La nueva decisión
del tribunal
federal confirma la suspensión de la sentencia, pero no
ordena un nuevo juicio
como ha pedido la defensa del preso alegando irregularidades en el
proceso.
El voto discrepante del tribunal
ponía en duda la composición racial de
jurado que juzgó el caso hace ya más de 25
años. Sólo dos de sus miembros eran
negros y varios candidatos negros fueron excluidos de la
composición final de
éste.
Mumia Abu-Jamal, de 54
años, participó en su juventud en varios grupos
de resistencia negra como los Panteras Negras y en el momento de su
detención
militaba en el grupo naturista negro, MOVE. Su actividad
periodística se
centraba en la corrupción policial en el momento de su
detención. Compaginaba
esta actividad con el trabajo de taxista.
Su caso levantó una ola
de solidaridad en los años 80, en plena lucha
contra el régimen racista del Apartheid
en Sudáfrica. Amnistía
Internacional y el arzobispo sudafricano Desmond Tutú han
criticado el sesgo
racista del proceso al que fue sometido.
Dudas
en torno al proceso
Daniel Faulkner, agente de policía de Filadelfia, detuvo a William Cook, hermano de Mumia, en la noche del 9 de diciembre de 1981. Conducía sin luces y en sentido contrario por un barrio poco recomendable de la ciudad. Mumia, que circulaba por la zona en su taxi, afirma que vio cómo el agente golpeaba a su hermano con una linterna. Se acercó y unos momentos después, el agente moría de dos disparos y él mismo recibía uno en el pecho. La policía arrestó al sospechoso esa madrugada con una pistola a su nombre.
La defensa afirma que una tercera persona disparó al agente por la espalda y huyó del lugar del crimen. La policía recuerda que el propio Mumia reconoció haber disparado a agente más tarde en el hospital. La decisión del juez que se hizo cargo del caso (Albert Sabo, conocido como el juez de la horca) de no permitir al acusado ejercer su propia defensa fue controvertida. Sabo se lo impidió afirmando que trataba de intimidar a los candidatos a jurado en el proceso de selección. Años después, el testimonio de varios testigos clave fue puesto en duda. Al oír la sentencia, Mumia y otros activistas negros amenazaron de muerte al juez.
Los defensores de
Abu-Jamal, denuncian que, a su muerte en 1998, Sabo había
condenado a muerte a
31 personas, 27 de ellas de raza negra. Un funcionario judicial
recordó haberle
oído afirmar que iba a ?ayudarles [a la Policía]
a freír al negro?
(El País,
28-03-08)

Web de Journalists for Mumia Abu-Jamal
Canal del YouTube del grup Journalists for Mumia Abu-Jamal
Web de suport a l'alliberament de Mumia Abu-Jamal
Wikipedia (anglès): Mumia Abu-Jamal
Jaula de la muerte para el Pantera Negra
El Pen Club se solidariza con el escritor que será ejecutado
estelnegre | 28 Març, 2008 09:40
El moviment okupa. Folklore o expressió política?

Divendres 28
de març
a les 21.30
hores a Sa Recreativa de Felanitx
Projecció del
documental
Okupa
Posterior debat amb
gent que participà de les
diferents okupacions realitzades a Mallorca i Josep Manuel
Gómez, Regidor
d'Habitatge de l'Ajuntament de Palma
***
Okupa (Espanya, 2004). Direcció i guió: Octavi Royo i Ignasí P. Ferré. Càmeres: Toni Prat, Octavi Royo, Eva Retana, Manel Muntaner, Oriol Díez. Muntatge: Octavi Royo i Jorge A. Molina. Musica: Angoixa. Amb la participació de: Jaume Assens, Manel Muntaner, Sónia, Albert Martínez, Carme Trilla, Maite, Jordi Solé Aleu. Durada: 55 min.
El
28 d'octubre del 96 es va desallotjar el Cine Princesa en una
espectacular i desmesurada operació policial,
helicòpter inclòs, que va produir
un fort impacte social. Era el primer desallotjament on s'aplicava el
Nou Codi
Penal que començava a penalitzar en democràcia.
l'okupació. La protesta va
derivar en importants incidents en la manifestació que es va
fer en resposta.
Set mesos abans, l'Assemblea d'Okupes de Barcelona havia decidit entrar
a
l'edifici abandonat amb l'objectiu d'erigir-lo en un símbol.
No va ser escollit
a l'atzar. Es va tenir en compte la cèntrica
ubicació del local, que feia
visible el moviment, i el fet que l'antic cine era un referent en la
vida de
molts barcelonins. Res no va ser igual després d'aquest ja
mític
desallotjament. El documental recull imatges gravades aquella nit de
tardor al
mateix lloc dels fets així com opinions més
actuals d'advocats, polítics, veïns
i membres del moviment okupa sobre aquest fenomen
d'expressió política. Les
motivacions de les persones, la majoria gent jove, que opten per ocupar
edificis en desús són diverses. Per una banda hi
ha les pràctiques, aconseguir
habitatge i llocs on fer vida social, i per una altra, les
polítiques,
denunciar l'especulació immobiliària i
l'escassetat d'habitatge, protegir
espais en perill de desaparició i, en general, la demanda
d'un canvi de model
polític.
Ho organitza:
estelnegre | 27 Març, 2008 09:25
Avui 27 de
març conclou el cicle de cinema feminista que
durant les últimes
setmanes ha estat anunciant el sindicat.

A la
deriva por los circuitos de la pecariedad femenina (2004)
del col·lectiu "Precarias a la deriva"
Dibuixar de nou el mapa de la ciutat? No des de qualsevol lloc. Traçar-lo des dels recorreguts diaris de les dones que treballen en negre, de les clandestines i les flexibilitzades, de qui oscil·len entre ser ocupades i desocupades, d'aquelles el servei de les quals consisteix a posar cura i atenció els altres, de les treballadores del sexe, de les caixeres de supermercats amb jornades laborals eternes, de les quals realitzen el treball domèstic, de les quals han de vendre la seva bona presència i de les quals simplement no tenen horari perquè treballen a qualsevol hora. Descobrir aquesta precarietat femenina que no distingeix entre el treball i la vida. Rastrejar i trobar-se amb les treballadores invisibles per a grilla-la del treball formal i amb les seves experiències de la ciutat. Aquest va ser el projecte inicial del grup de feministes de Madrid «Precaries a la deriva», un col·lectiu sense un nombre fix d'integrants on es creuen espanyoles, equatorianes i argentines i que té la seva base de suport a la casa okupada de dones «La Eskalera Karakola».
Us hi esperem!
Palau Reial, 9, 2n (Ciutat)
971 726 461
estelnegre | 26 Març, 2008 08:36
estelnegre | 25 Març, 2008 08:22
Dijous
10 d'abril a les 20.00 hores
Punto de mira
(2000,
Regne Unit, dirigida per Karl Francis)
***
Dijous 17 d'abril a les 20.0
hores
The Big One
(1997,
Estats Units, dirigida per Michael Mooere)
***
Dijous
24 d'abril a les 20.0 hores
Iraq. El valle de los lobos
(2005, Turquia, dirigida per Serdar Akar)
***
Tots
el
actes es duran a terme al local de CNT Palma
Us hi esperem!
Palau Reial, 9, 2n (Ciutat)
971 726 461
estelnegre | 24 Març, 2008 19:36
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