estelnegre | 23 Abril, 2007 11:23
1937 no va tenir un maig florit
El
president Pasqual Maragall va retre honors l’any 2004 a la
tomba de
Lluís Companys, el seu antecessor afusellat pels
franquistes. Aquella entrada de
Can Tunis està flanquejada per moltes làpides
sense restes, però amb noms tan
emblemàtics com els de Francesc Ferrer i Guàrdia,
Buenaventura Durruti i
Francisco Ascaso. Tot dirigint-se a la tomba de Companys, i enmig de
tanta
èpica, Maragall va voler recordar --en un exercici que
l’esquerra hauria de fer
sense tremolor de cames-- tots els qui havien estat assassinats pels
incontrolats durant a Guerra Civil. Bé és cert
que molts d’aquests han figurat els
pobles de Catalunya sota la reu i l’epígraf Caídos
por Dios y por España o
asesinados por la horda roja.
Resulta
difícil fer encaixar velles i sensibles peces.
Però hi ha gestos
sensats. I afortunadament ens queda el consol de llibres que ajuden a
recompondre la memòria que el revisionisme desitjaria morta
i enterrada. Ara,
en acomplir-se els 70 anys dels mitificats Fets de Maig de 1937, han
aparegut tres
llibres: El Escudo de la República, d’Àngel
Viñas; Contrarevolució,
de Ferran Aisa, i Barcelona, mayo de 1937, de
Ferran Gallego. És aquest
darrer el més complet dels tres i el que més
elements aporta per entendre que
aquell no va ser un maig florit per les barricades fratricides al
carrer en
plena guerra contra el feixisme. Es tracta d’una obra
imprescindible per jutjar
amb el cap fred les conseqüències
polítiques d’aquells dies. El llibre és
extraordinàriament dur amb els mites entronitzats per les
barricades: un
sectaritzat Partit Obrer d’Unificació Marxista
(POUM) d’Andreu Nin; un PSUC que
cau de naixement en el pecat original de l’estalinisme:
voler-se fer amb els aparells
de l’Estat, i una CNT desorientada i tan plural com
desgavellada amb líders com
Federica Montseny, Joan García Oliver, Joan Peiró
i Jaume Balius.
Per contra,
el llibre de Ferran Aisa --un autor competent quan aborda
temes relacionats amb la cultura anarquista-- va en la línia
canònica del
“revolucionari bo” (POUM) enfrontat als
traïdors reformistes / estalinistes. L’assaig
d’Ángel Viñas
(segon
volum d’una trilogia sobre la República en guerra)
aposta amb més
brevetat però de forma contundent per un eclecticisme
saludable en jutjar aquells
dies tràgics, en què a les barricades es
materialitzava “l’orgull decent de la
comunitat dels humils en armes”, com diu Gallego descrivint
una barricada de la
CNT.
El escudo de la República.
Ángel Viñas. Crítica, 736
pàgines. 29,95
euros
Barcelona, mayo 1937. Ferran
Gallego. Debate, 576 pàgines. 24,90 euros
Contrarevolució. Ferran Aisa. Edicions de 1984, 334 pàgines. 18 euros
Francesc
Valls
(Extra Sant Jordi / El País, 21-04-07)
Un agente estalinista, cerebro del asesinato de Nin
Viñas rememora los sucesos de mayo de 1937 en Barcelona que supusieron un golpe mortal para el POUM [El escudo de la República. Crítica)]

Alexander Orlov [agente de la
NKVD, policía política y de seguridad
soviética, antecedente del KGB, durante
la Guerra Civil española] fue todo menos trigo limpio, y sus
memorias y
escritos han de leerse con muchísima cautela.
Debió de ser un embustero compulsivo,
atento a forjarse para la historia una imagen que no cuadra en absoluto
con la
realidad. Lo hizo con la salida del oro [del Banco de España
hacia Moscú]. No
dijo una palabra sobre [la matanza de] Paracuellos. En el asesinato de
[Andreu]
Nin [Pérez. El Vendrell, 1982-Alcalá de Henares,
1937] rayó en la más auténtica
desvergüenza. No dudó en inventarse "cuentos
chinos" y ennegrecer el
recuerdo de otros. Sin embargo, cuando escribió sus
memorias, publicadas por
voluntad suya una vez que hubiesen transcurrido 25 años de
su fallecimiento, no
pudo pensar que algunos de sus secretos, cuidadosamente guardados en
los
archivos del KGB, terminarían saliendo a la luz, ni que en
los archivos
españoles pudieran encontrarse documentos que los
complementaran.
Orlov
tiende una trampa
Fue Orlov quien entrevió la
posibilidad inmediata de atribuir la culpa esencial a Nin por los
"hechos
de mayo" [de 1937, en Barcelona, en los que se enfrentaron los
comunistas
contra anarquistas y trotskistas] ligándolo al
descubrimiento y desarticulación
de la más importante red de espionaje franquista, que tuvo
lugar en abril de
1937, a tenor de lo afirmado en el informe policial español
del mes de octubre.
(...)
Correspondió a Orlov diseñar
las
vías operativas para asestar un golpe al Partido Obrero de
Unificación Marxista
(POUM). Por mor de su presunta afiliación con el "traidor"
Trotski y
por el mero hecho de existir, el POUM atentaba, en la teoría
estalinista,
contra los intereses de seguridad de la Unión
Soviética. Lo hacía en un teatro
de operaciones "caliente" como era el español. La proclamada
relación
Franco-Nin se superponía, en la escena local republicana, a
lo que los rectores
de la política soviética divisaban a escala
universal. Y, naturalmente,
coincidió con la preparación de la fase
última del proceso contra los militares
"fascistas" o "trotskistas".
Orlov ideó una operación que,
salvo algún que otro detalle, fue técnicamente
brillante (entienda esto el
lector en los términos estrictos en que se afirma: el
calificativo puede
aplicarse a una actuación execrable o positiva y no es
óbice para que su
contenido pudiera ser criminal), aunque su explotación
política ulterior
resultara bastante burda. Conviene destacar esta
contraposición, que la
historiografía no suele abordar. Orlov no era un
imbécil. Debía saber que en la
URSS, Molotov había solicitado públicamente la
adopción de medidas contra los
"saboteadores" que procuraban destruir la economía, el
ejército y las
instituciones. De creer sus poco fiables memorias, en febrero de 1937
se había
enterado en París por un primo suyo de que en los archivos
rusos se habían
encontrado pruebas documentales de que Stalin había
trabajado para la policía
secreta del zar. Conocer esto era correr peligro de muerte. Desde
entonces,
afirma, esperaba que de un momento a otro se produjera un golpe de
Estado
protagonizado por los generales a quienes se había informado
de tamaño delito
de leso comunismo. Es difícil que Orlov no tuviera
orientadas hacia Moscú sus
sensibles antenas. También es imposible que pudiera ignorar
que el mariscal
Tujachevsky fue detenido súbitamente el 22 de mayo. En las
redes de la NKVD
cayeron los más importantes jefes militares, tras el
"descubrimiento"
de una "conspiración" contrarrevolucionaria.
En este clima es imposible que
en Moscú no se aceptara la sugerencia de Orlov.
Sabía perfectamente cómo
avanzaba la investigación sobre la red de espionaje
madrileña. Las diligencias
las llevaba exclusivamente la Brigada Especial y eran conocidas del
entonces
subsecretario de Gobernación, Wenceslao Carrillo, del
general Miaja y del
teniente coronel Rojo, por lo que afectaban a la
comunicación al enemigo de
secretos militares relacionados con la defensa de Madrid. En cuanto [al
teniente coronel Antonio] Ortega asumió la
Dirección General de Seguridad
(DGS), le informaron inmediatamente de la operación en
curso, a tenor de un
documento del 1 de junio. No tiene desperdicio. En él
figuraron ya todas las
piezas que servirían para montar la acción contra
Nin.
El informe policial del 28 de
octubre, que contiene tal documento, indica que, en las
investigaciones,
"la colaboración de los técnicos extranjeros
referidos era intensísima,
examinándose por los mismos con toda libertad las
declaraciones y pruebas,
tanto en el domicilio oficial de la Embajada de su país en
Madrid, como en el
local que ocupaba en aquella época la Brigada Especial, en
Castellana, 19,
colaboración que se estimaba inapreciable, ya que aparte de
orientaciones
valiosísimas, ponían a disposición de
la policía aparatos fotográficos,
ópticos, para la reproducción y examen de
documentos, de cuyos elementos podían
valerse directamente los funcionarios que llevaban el servicio, sin
recurrir a
otras dependencias, de la discreción de cuyos funcionarios
no podía responderse
de modo absoluto, como ya existían algunos precedentes".
La cúpula republicana
(Negrín,
Zugazagoitia, Irujo, Ortega) y algunos de sus predecesores
(¿Largo Caballero?,
¿Galarza?, ¿Prieto?) tuvieron que saber de la
ayuda prestada por la NKVD. Los
técnicos soviéticos facilitaron el descubrimiento
de los entresijos de la red
de espionaje. Pero, al hacerlo, introdujeron también las
alteraciones que
convenían a Orlov. Un confidente de la policía,
Alberto Castilla Olavarría,
participó en la falsificación de los documentos
que "demostraban" la
existencia de contactos sediciosos entre la organización de
espionaje
franco-falangista y el POUM, en particular de uno de sus dirigentes.
Otro de
los hombres clave de Orlov, Juzik, es decir, Grigulevich,
contribuyó también de
forma inapreciable y escribió de su propia mano el documento
"incriminatorio" fundamental.
Mientras se fabricaban las
"pruebas", los jefes militares soviéticos acusados, juzgados
en
secreto, fueron ejecutados al día siguiente de darse a
conocer el veredicto de culpabilidad.
Sólo uno se escapó, suicidándose. Las
detenciones de otros jefes y oficiales se
multiplicaron rápidamente. Si esto pasaba con lo
más granado del Ejército Rojo,
nadie en su sano juicio se preocuparía de cómo
Orlov llevaba a cabo sus planes
en la lejana España. El informe republicano del 28 de
octubre, que refleja
posteriormente su plasmación, se lee como una novela
policíaca. Tras algunos
esfuerzos se consiguió revelar un mensaje escrito con tinta
simpática dirigido
al "generalísimo". Tenía una parte cifrada. Como
no había en Madrid
técnicos que pudieran descifrarlo, se llevó en
gran secreto a Valencia.
Acompañaban a los policías "dos de los
técnicos extranjeros".
Informaron a Ortega, recién nombrado, quien
ordenó que un experto de la
Subsecretaría de Defensa tratase de descifrar dicha parte en
su propio
despacho. Los soviéticos aconsejaron una visita al gabinete
de técnicos en
claves del EM, donde "actuaban varios funcionarios de la misma
nacionalidad". Uno de ellos resolvió el problema. El informe
continúa:
"Ya en posesión del escrito íntegramente
descifrado, acudieron el
comisario y funcionarios repetidos a la Embajada del país a
que pertenecían sus
colaboradores, al objeto de redactar un informe, según
había ordenado el
director general, pues en la referida Embajada les habían
sido ofrecidos
incondicionalmente los elementos precisos para ello, ofrecimiento
aceptado,
entre otras razones de orden afectivo, por reunir aquel lugar las
condiciones
de discreción y reserva indispensables en asunto de tal
envergadura".
Una de las preguntas, para la
que no tenemos respuesta, es si antes de que se nombrara a Ortega, la
DGS
hubiese actuado de tal suerte. En cualquier caso, fue en la Embajada, o
dependencia de la NKVD, que tanto da, donde otro técnico
aconsejó un nuevo
examen. Aceptada su sugerencia, apareció un
pequeño error. En los esfuerzos
previos no se había logrado descifrar el contacto de los
espías franquistas.
Resultó, el lector no se sorprenderá, que
obedecía a un nombre que empezaba por
'N' (una comodidad, cortesía de Orlov, porque
cabría pensar que en el mundo
real, y no de la ficción que creaba la NKVD, se hubiera
utilizado algún
seudónimo). En consecuencia, se redactó el
informe del 1 de junio dirigido al
director general de Seguridad y al ministro de la
Gobernación. Fue en este
momento, cabe sospechar, cuando Zugazagoitia debió tener
noticia de la
extensión de la conspiración y, con independencia
de lo que pensara, de la
participación en su descubrimiento de los "servicios
especiales"
soviéticos.
La reacción inmediata provino
del director general de Seguridad. Ortega ordenó que se
trasladaran de Madrid,
adonde ya habían regresado, los funcionarios que llevaban el
caso. En Valencia
recibirían instrucciones. Se les dio una carta para el
teniente coronel
Burillo, jefe superior de Policía de Barcelona, y
también comunista. Decía así:
"Querido camarada: tengo el
honor de presentarle a los funcionarios de la plantilla de Madrid
comisario
Fernando Valentí y agente de tercera Jacinto Rosell, quienes
llevan a ésa una
misión delicadísima en la que le ruego les
dé toda clase de facilidades. En el
caso de que precisaran utilizar gran contingente de fuerzas, antes de
denegárselas consultará usted conmigo. Un abrazo
de su amigo y camarada".
Terminada la misión, debían
informar a Ortega de todas las actuaciones que hubieran llevado a cabo.
Burillo
ya había iniciado la redada. Nin fue detenido el 16 de junio
sin ninguna
dificultad, en parte porque había despreciado todas las
advertencias que la CNT
y algún uniformado le habían hecho llegar. De ser
cierto, sería tal vez un
indicio de que la operación no se blindó
totalmente. Pero fue rápida. Dado que
Orlov había presentado la idea a sus superiores en
Moscú el 23 de mayo, antes
de la llegada de Ortega a la DGS, y que su traducción a la
práctica conllevaba
dificultades considerables de manipulación y de
encubrimiento, no puede decirse
que el nexo NKVD-Brigada Especial no funcionase con fluidez. En menos
de un
mes, la operación se llevó totalmente a cabo.
Interrogatorio
y muerte
Nin fue interrogado el 18 de
junio de madrugada; dos veces, el 19, y una última vez, el
21 de junio. Según
el informe policial del 28 de septiembre, fue Rosell el responsable. No
hay
mención de la presencia de "técnicos
extranjeros", pero sería
altamente inverosímil que no hubiesen asistido. La Brigada
Especial, se recordó
por escrito, quería imprimir la máxima celeridad
para acortar en lo posible el
tiempo que Nin permaneciera fuera de la prevención oficial.
Ahora bien, el preso negó de
forma enérgica las acusaciones. Desde el primer momento, Nin
señaló que
"esto es una maquinación urdida por enemigos
políticos, que muy bien
pudiera ser el PC". Sobre la participación del POUM en los
"hechos de
Barcelona", afirmó que "como consideraban justa la
reacción de la
clase trabajadora, se solidarizaron con ella con el fin de darle
objetivos
concretos y limitados". Hasta el final, Nin repitió que
"nada tiene
que ver con el asunto de espionaje que se le imputa". (...)
[El historiador Vasili]
Nikandrov afirma que la decisión de asesinar a Nin se
tomó después de los
interrogatorios, ya que, en un principio, Orlov no la había
previsto. La
República, claro está, no era la Unión
Soviética. Es posible que Orlov pensara
que si Nin seguía con vida, tras negarse a firmar su
culpabilidad, la actividad
de la NKVD se vería comprometida. Su liquidación
física permitía presentar su
desaparición como una huida ayudada por sus "compinches
fascistas".
Otra alternativa es que quizá Nin quedó tan
maltrecho, que su asesinato era la
única salida. Existen discusiones sobre la fecha en que tuvo
lugar. Según
algunos autores, fue hacia mediados de julio. De los documentos
conservados en
la Causa General y en AFPI se deduce, sin embargo, que el asesinato se
produjo
mucho antes.
Dos de los vigilantes del chalet
(Juan Bautista Carmona Delgado y Santiago González
Fernández) declararon que el
intento de "liberación" ocurrió en la noche del
22 de junio. Las
afirmaciones fueron concordantes. Entre las nueve y media y las diez de
la
noche, dijo González, se presentó en medio de una
tormenta un grupo de unos
diez individuos armados de fusiles y otros dos con uniformes de
capitán y
teniente, carentes de emblemas. El segundo era rubio y con marcado
aspecto
extranjero. Presentaron documentos firmados por Miaja y el comisario
general en
los que se ordenaba la entrega del detenido. Los "asaltantes"
dominaron al guardián rápidamente, tras un
forcejeo, y le encerraron en una
habitación, a la que también llevaron a Carmona.
Ambos oyeron cómo el "capitán"
se dirigía a Nin llamándole "camarada", y se lo
llevaban en un coche
que partió velozmente. Pudieron cortar sus ligaduras y
avisaron a la Brigada.
Varios agentes de la misma acudieron con toda. Registraron el chalet y,
¡bondad
de las bondades!, encontraron fuera de él una cartera que
probablemente se le
había caído a uno de los agresores.
Contenía, ¡suerte de las suertes!,
documentación a nombre de un alemán y escrita en
este idioma, insignias
fascistas, billetes de banco franquistas y fotografías de
personas con
uniformes extranjeros. Más o menos lo que Orlov dijo a
Negrín.
No es, pues, necesario ser
demasiado imaginativo para pensar que al político
catalán le asesinaron con
toda probabilidad la noche del 22 de junio. Fijar la fecha es muy
importante.
Ese mismo día, la prensa dio a conocer que entre los
detenidos en conexión con
la red de espionaje figuraban personalidades del POUM, entre ellas,
Nin. El 24
de junio se anunció que la policía
había dado por terminados sus trabajos
acerca de los implicados en el POUM por tal delito.
Negrín a Orlov:
"¡Está usted hablando con el jefe
del Gobierno!"
El nuevo
jefe del Gobierno, Juan Negrín, se encontraba en
un almuerzo de despedida al general Smushkevich cuando sigilosamente se
le
acercó un funcionario. Le dijo que, durante su traslado a
Madrid, Nin se había
esfumado. Ignoraba que éste hubiera sido detenido en
Barcelona y que se le
hubiese reclamado por orden judicial...
En esta
tesitura, un día llamaron a Negrín de parte de un
consejero de la Embajada soviética que rogaba ser recibido a
causa de un asunto
importante y urgente. Acudió un tal señor Orlof (sic). Cuando entró fue grande
su sorpresa, pues se trataba de una
persona a quien el antiguo embajador Rosenberg le había
presentado ocho meses
antes con motivo del traslado del oro. Orlov expuso que la Embajada
conocía su
interés por Nin, y que, en atención a ello, no
habían escatimado esfuerzos para
aclarar lo sucedido. Hizo una exposición minuciosa.
Negrín le escuchó
imperturbable, no le interrumpió y no le hizo la menor
pregunta. Cuando al
final reaccionó dijo que no era a él, sino a las
autoridades competentes a
quienes correspondía pronunciarse, y que, de vez en cuando,
leía novelas policíacas,
las suficientes como para intuir que las pruebas eran demasiado
contundentes
para ser verosímiles. Orlov exclamó:
"¡Está usted ofendiendo a la
URSS!". Con gran frialdad, Negrín le replicó:
"Olvida usted que habla
con el jefe del Gobierno de la República
Española". Se dirigió a la puerta
y con un gesto le invitó a retirarse.
Ángel
Viñas
(El País, 22-04-07)
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Este libro trata de las barricadas levantadas por los obreros barceloneses en julio de 1936 y mayo de 1937, erigidas con sólo diez meses de diferencia. Estudia las causas de su aparición, así como sus similitudes y diferencias. Intenta explicar el carácter "ofensivo" de la insurrección obrera de Julio, y el "defensivo" de Mayo. ¿Por qué los obreros, prácticamente desarmados, consiguieron en Julio vencer al ejército sublevado y a los fascistas? ¿Por qué, al contrario, en Mayo, un proletariado armado hasta los dientes fue derrotado políticamente, tras demostrar en la calle su superioridad militar? ¿Por qué las barricadas de Julio seguían aún en pie, y activas, en octubre de 1936; mientras en Mayo se retiraron inmediatamente?
No alimenta en vano el mito de las barricadas, que en Barcelona se levantaron en numerosas ocasiones durante el siglo XIX, en la huelga general de 1902, durante la Semana Trágica de 1909 y en la huelga general de 1917. Las barricadas, como nos enseña la historia, son un parapeto para mantenerse a la defensiva, y anuncian casi siempre la derrota obrera ante el ejército o la policía. En julio de 1936 la primera victoria del proletariado sobre el ejército se produjo en la Brecha de San Pablo, contra unos soldados atrincherados tras las barricadas. Este libro considera las barricadas como un instrumento, entre otros, de la decisión irrevocable del proletariado a enfrentarse con el enemigo de clase; no como mito que lo encadena al pasado. Contempla las barricadas como frontera de clase, que sitúa en un lado al proletariado, y en el otro a su enemigo. Fronteras de clase serían, hoy, negar la existencia del proletariado, confundir las dictaduras estalinistas con el comunismo, proyectar la conquista del Estado en lugar de su destrucción, o defender que el capitalismo es eterno.
En el epílogo se enmarcan los comités, que surgieron con la situación revolucionaria española de 1936, en la experiencia internacional de los soviets rusos y los raters alemanes, para reconocerlos como la forma organizativa revolucionaria de la clase obrera.
Julio de 1936 fue una insurrección victoriosa, pero la insurrección de mayo de 1937 ¿fue una victoria o una derrota? Este libro aspira a comprender por qué, y sobre todo cómo, algunos de los líderes revolucionarios de Julio de 1936 se convirtieron en los contrarrevolucionarios más nefastos e influyentes de Mayo de 1937. O lo que es lo mismo, pretende explicar la historia del movimiento obrero y desechar los ridículos cómics de supermanes y traidores; y las arbitrarias interpretaciones tendenciosas, burguesas o estalinistas, características del academicismo universitario.
El libro intenta además responder a las preguntas que planteó el poeta surrealista francés Benjamin Péret, que estuvo en Barcelona desde agosto de 1936 hasta abril de 1937: "¿Cuál es la naturaleza de la revolución del 19 de Julio de 1936?: ¿burguesa, antifascista, proletaria? ¿Existía una dualidad de poderes el 20 de Julio de 1936? ¿En beneficio de quién evolucionó? ¿Qué fuerzas presidieron su liquidación? ¿Los trabajadores habían tomado el aparato de producción? ¿La nacionalización de la producción ha consagrado una situación de hecho o ha creado las bases materiales de un capitalismo de Estado? ¿Las organizaciones obreras (partidos, sindicatos, etcétera) intentaron organizar un poder obrero? ¿Dónde y en qué condiciones? ¿Por qué no ha llegado a la liquidación del poder burgués? ¿Por qué la revolución española acabó en desastre?"
Tarea del poeta es hacer las preguntas, oficio del historiador intentar responderlas y privilegio del lector juzgar si las respuestas dadas son acertadas y le convencen.
Más información y pedidos en: espartacointernacional@yahoo.es
En mayo de 1937, Barcelona vio de nuevo, sólo diez meses después de julio de 1936, como la clase obrera levantaba barricadas en toda la ciudad.
Este libro es una recopilación de testimonios de militantes extranjeros, de diversas nacionalidades (italianos, alemanes, británicos, estadounidenses) y muy distintas corrientes políticas (anarquistas, trotskistas, demócratas, etcétera). Estos textos, traducidos del inglés, francés, italiano o alemán, inasequibles al lector español, llenan un vacío notable de la historiografía española. La variedad de esos testimonios, no sólo radica en la nacionalidad o la orientación política de sus autores, sino también en sus características: unas veces descriptivas y otras analíticas.
El resultado es un mosaico enriquecedor y plural, que nos ofrece un amplio panorama sobre las Jornadas de Mayo de 1937. Esta recopilación cuenta con el inmenso mérito de recuperar unos textos hasta ahora desconocidos o “perdidos”.
El libro añade un plano del centro de la ciudad (pp. 190-191) en el que se señalan los principales localizaciones mencionadas en los textos. Aquí debemos indicar al lector un pequeño error que se salva leyendo “cuartel Carlos Marx”, donde está escrito “cuartel Voroshilov”. El plano es muy detallado, ya que señala no sólo cuarteles y edificios de los distintos grupos enfrentados, sino también el más difícil de las barricadas, lo cual permite la fácil localización de los lugares citados en los textos recopilados.
El libro se completa con un excelente anexo de notas biográficas que nos facilita la clave vital y política de los combatientes y/o de los autores extranjeros de los textos, sobre los que no existen apenas referencias para el lector español. Sin ese apéndice los textos traducidos estarían plagados de nombres propios sin significado alguno.
La introducción merece ser destacada por méritos propios, porque Carlos García, Sergi Rosés y H. Piotrowski escriben algo más que un mero prefacio adecuado para presentar ese libro de testimonios de combatientes extranjeros en las barricadas de mayo de 1937. Esa introducción es nada más y nada menos que un sobresaliente análisis crítico, político y social, de la historiografía española sobre la II República, la Guerra de España y la dictadura franquista. Son sólo dieciocho páginas, cada una un cañonazo contra el fascismo que sobrevive en la instituciones y vida cotidiana de este país, y todas juntas una acusación irrefutable contra el uso y abuso de la historia por parte de los herederos del franquismo y del antifranquismo, esto es, de los demócratas de la izquierda y la derecha del capital, con el único objetivo de ocultar que la clase obrera española vivió en 1936-1937 una situación revolucionaria.
Franquistas y antifranquistas intentan, hoy, escamotearnos que existió un movimiento obrero revolucionario que planteó una guerra de clases que fue desviada rápidamente por la izquierda del capital (socialistas, comunistas y nacionalistas periféricos) hacia un enfrentamiento bélico entre fascismo y antifascismo. Socialistas, catalanistas y comunistas intentan, aún hoy, ocultar el papel contrarrevolucionario y represivo jugado por sus organizaciones en el bando republicano. La historiografía oficial, formada por neofranquistas y demócratas, oculta los aspectos críticos del período republicano y la existencia de una radicalización revolucionaria del movimiento obrero. Fueron las organizaciones obreras (socialistas y cenetistas) las que pararon el golpe militar fascista. Pero los trabajadores no luchaban contra el fascismo para defender el liberalismo o la democracia. Como bien se dice en la introducción “fascismo y liberalismo no son sino dos expresiones políticas que, de acuerdo con las circunstancias, puede adoptar la dominación del capital”.
Y es que la historia es un campo más en el que se desarrolla la lucha de clases.
La historiografía oficial (y aquí coinciden en sus objetivos neofranquistas y antifranquistas demócratas, en su variedades socialista, neocomunista y nacionalista periférica) debe negar la existencia de ese movimiento revolucionario. Hay que ocultar a toda costa que la mayoría de los trabajadores no combatían por la democracia y la República, sino por la revolución, para cambiar el mundo en que vivían. Quien borra la historia, también quiere evitar su repetición en el futuro. ¿Pueden asumir los herederos del estalinismo que el PSUC y el PCE jugaron un papel contrarrevolucionario? ¿Pueden asumir los herederos del nacionalismo catalán que, frente a la revolución, siempre piden socorro al ejército español?
Después de mayo del 37, derrotada toda perspectiva revolucionaria, una represión brutal (cárcel, checas, desapariciones, torturas, fusilamientos, persecución política, asesinatos) organizada por los vencedores, esto es, por el PSUC-PCE, el gobierno de la Generalidad, con la integración en el aparato estatal de la burocracia cenetista, ERC y las fuerzas de orden público republicanas, se abatió contra los vencidos, esto es, los poumistas, los escasos trotskistas y amplios sectores de la militancia cenetista. Pero esto aún no se debe decir; es tabú. La historiografía oficial, y muy especialmente los cátedros de procedencia estalinista, no quieren ni pueden decirlo. Tampoco es un tema fácil para los historiadores de tradición ácrata, porque hubo una fuerte integración de la burocracia cenetista en el aparato estatal, que secundó esa represión, que se cebó en los revolucionarios (muchos de ellos de militancia anarcosindicalista).
En la contraportada del libro podemos leer una rigurosa síntesis de su contenido:
“En la primera semana de mayo de 1937 Barcelona, y otras localidades catalanas, se llenaron de barricadas, y se produjo un enfrentamiento armado entre las diferentes fuerzas del campo republicano. Esta lucha ha sido mostrada como una de las causas que explican la derrota de los republicanos: Los Hechos de Mayo serían el máximo exponente de la incapacidad congénita de la izquierda para dejar de lado las diferencias secundarias ante los problemas principales.
Pero esta explicación democrática de la guerra civil, que la mayoría de la "izquierda" hace suya, obvia un hecho fundamental de la II República: que en 1931 se inauguró un periodo revolucionario que iba más allá del simple cambio de las estructuras políticas y que abrió la posibilidad real de una transformación social.
Para una parte importante de la clase obrera, el horizonte político de la II República no era la meta sino, en todo caso, una estación más; de lo que se trataba era de derribar el capitalismo, con una visión clara de que el cambio real estaba en la transformación social, y en el fin del capitalismo. Los Hechos de Mayo, con el enfrentamiento armado entre la república democrático-burguesa y los trabajadores revolucionarios, representan el clímax de esta situación: la derrota obrera supuso el fin de la transformación social.”
En resumen, un libro necesario, a destacar entre tanto producto editorial, pío o vacío de contenido, aunque tenga formato de libro:
“Barcelona, mayo 1937” de Alikornio.
GARCIA, ROSES, PIOTROWSKI (editores): Barcelona, mayo 1937. Testimonios desde las barricadas. Alikornio, Barcelona, 2006, 216 páginas, 15,30 euros
70 AÑOS DE LOS HECHOS DE MAYO DE 1937 EN BARCELONA
Los días 4 y 5 de mayo la Fundació Andreu Nin organizará los actos conmemorativos del 70 aniversario de los Hechos de Mayo (Guerra, Revolució y Contrarrevolució). Los actos tendrán lugar en Barcelona, en el Colegio de Periodistas, Rambla de Cataluña 10. El programa es el siguiente:
-4 de mayo: 19 horas: “La guerra civil: 70 anys de història critica” . Con Reiner Tosstorff, Just Cases y Andy Durgan.
-5 de mayo: 16 horas: “Els fets de Maug”. Con Dolors Marín, Flavio Guidi y Pepe Gutiérrez.
-5 de mayo:”Andreu Nin i la revolució espanyola”. Con Pelai Pagès, Reiner Tosstorff y Wilebaldo Solano”.
ACTOS EN ABRIL SOBRE LOS HECHOS DE MAYO EN LA UNIVERSIDAD DE BARCELONA
Como conmemoración del aniversario de los Hechos de Mayo de 1937 tendrán lugar en la Facultad de Geografía e Historia de la UB los días 26 y 27 de abril de 11 a 14 horas, “Sala Gran” de dicha Facultad.
El primer día se ofrece una proyección de “Tierra y Libertad”, la película de Ken Loach que marcaría un hito en el proceso por la recuperacón de la “memoria histórica”, y a continuación una charla-debate títulada “El POUM a la revolució” en la que hablarán el historiador británico Andy Durgan, autor del estudio más detallado sobre el Bloc Obrerr i Camperol y la formación del POUM) y asesor histórico de la película, así como (pendiente de confirmación) Wilebaldo Solano, dirigente de las Juventudes Comunistas Ibéricas, protagonista en primer plano de los acontecimientos evocados. El viernes 27, igualmente a las 11h., pase de “Operació Nikolai!, modelo de documental de investigación que dirigieron Mª Dolors Genovés y Llibert Ferri, al que sigue otra charla-debate sobre “Els Fets de Maig de 1937”, con presencia de Pepe Gutiérrez-Álvarez y Wilebaldo Solano (pendiente de confirmación)
CONMEMORACIÓN DEL 70 ANIVERSARIO DEL SECUESTRO Y ASESINATO DE ANDREU NIN
En el mes de junio tendrán lugar diversos actos en Barcelona y en El Vendrell en conmemoración del secuestro de Nin. Informaremos del calendario y detallada información de los actos en el próximo boletín electrónico.
Barcelona, 3 de maig de 1937.
A primera hora de la tarda, un grup de guàrdies d’assalt (policia governamental) intenta prendre per la força la central de la telefònica, situada a la Plaça Catalunya, i que esta sota control obrer.
Els treballadors de la telefònica, militants de la CNT y, en menor mesura, de la UGT resisteixen l’atac.
Ràpidament s’escampa la noticia i per tota la ciutat es declara una espontània vaga general.
Els treballadors abandonen els seus llocs de treball, omplen els carrers de barricades i es disposen a plantar cara a la contrarevolució.
En la Catalunya del 1937, es vivia una situació de doble poder. Per una banda, el carrer era controlat per el proletariat revolucionari: els anarcosindicalistes de la CNT-FAI y els comunistes antiestalinistes del POUM; per altra banda el poder polític l’ostentava la burgesia liberal representada per el govern de la Generalitat, i el PSUC, partit estalinista que va fer del recolzament a la burgesia la seva bandera.
Els factors que van conduir a aquesta situació van ser múltiples, però es poden sintetitzar en dos.
El primer factor va ser el gran error de l’anarcosindicalisme que, tenint el control sobre la majoria de la massa obrera a Catalunya, el que equivalia a tenir el poder efectiu, va negar-se a prendre el poder polític evitant així que la revolució s’encaminés a la seva consecució final. Emparant-se en el seu “apoliticisme”, l’anarquisme facilità que la burgesia liberal, escombrada per la vigorosa reacció del proletariat català davant l’aixecament feixista el 18 de juliol, es reorganitzés. Lenta però inexorablement, la democràcia liberal ampliant les seves cotes de poder.
El segon factor, va ser el gir a la dreta que l’estalinisme va imposar a la tercera Internacional i als partits comunistes oficials. A Catalunya, el resultat va ser que el Partit Socialista Unificat de Catalunya inicià la campanya del front popular que, invocant una suposada unitat antifeixista de tots els demòcrates (o dit d’una altra manera, unitat interclassista per una república liberal), es dedicà a frenar, limitar y, per últim, asfixiar totes les fites revolucionaries assolides fins aquell moment.
Va ser en aquell context en el que el comissari d’ordre públic Eusebio Rodríguez Salas, membre del PSUC, en confabulació amb el conseller de seguretat interior Artemi Aiguader i Miró, membre d’ERC, resolgueren donar l’ordre a la guàrdia d’assalt d’atacar la central de la telefònica.
L’excusa donada va ser que les comunicacions havien d’estar, en temps de guerra, sota control governamental. Però s’obviava que control de la telefònica per part del comitè obrer era perfectament legal (d’acord amb el decret de col•lectivització del 24 d’octubre de 1936) ja que al front d’aquest comitè hi havia un delegat del govern. Y s’obviava també que, en aquells temps de guerra, l’esmentada guerra la portava a terme el proletariat.
Les jornades que van seguir al 3 de maig van ser d’intenses lluites en els carrers de la ciutat (i aquesta violència es va estendre per altres localitats de l’àmbit català).
Les masses proletàries, sense comptar amb els seus dirigents, van combatre tenaçment les forces de la reacció burgesa, encarnats en el govern i el PSUC. Molts treballadors van entendre que aquella lluita marcaria definitivament les pautes que seguiria la revolució... però els seus dirigents els van fallar.
Els ministres cenetistes al govern imploraren, pràcticament des de l’inici dels enfrontaments, la deposició de les armes i el retorn als seus llocs de treball dels obrers revolucionaris. El discurs democràtic burgès havia calat també en ells. Qualificaren la salvaguarda de la revolució com a “guerra fratricida”, caient ells també en la defensa de la dicotomia feixisme/antifeixisme, quan per al proletariat el que es dirimia en aquell moment era el conflicte entre capitalisme o revolució social.
Només el POUM y la agrupació anarquista Amigos de Durruti van intentar crear una junta revolucionària per continuar la lluita, però temptativa no va cristal•litzar. La traïció dels dirigents anarcosindicalistes als seus militants amb les seves reiterades crides a la calma, junt amb l’enviament per part del govern central d’uns milers de guàrdies d’assalt que provenien de València (i que realment haguessin pogut fer un millor servei al front), van aconseguir parar definitivament els enfrontaments als carrers el dia 9 de maig.
Dues greus conseqüències es derivaren d’aquests fets. La primera era que, per fi, l’estalinisme va poder desencadenar tota la seva violència repressiva contra el POUM, representant de l’honestedat marxista que sempre s’havia enfrontat a la reacció burocratico-estalinista.
Pel fet d’haver defensat la bandera revolucionària, el POUM va ser injustament acusat d’instigar un aixecament en col•laboració amb els feixistes. Això comportà la prohibició del partit, la persecució dels seus militants i l’assassinat de molts d’ells, com en el cas d’Andreu Nin, un dels seus més destacats dirigents.
La segona conseqüència va ser que el govern republicano-liberal-estalinista va sortit enfortit i la contrarevolució adquirí dimensions tràgiques. Havent estat a punt de caure, quan els treballadors eren els amos dels carrers de Barcelona durant aquelles jornades de maig, el govern aconseguia sotmetre, encara que no destruir com era la seva intenció, a la poderosa central sindical, la CNT, que era la única organització obrera que degut a la seva gran implantació en el proletariat, representava una amenaça per a la democràcia burgesa.
El 9 de maig de 1937 es constatava que la revolució espanyola havia estat derrotada.
Els fets de maig de 1937
Durante cuatro días de mayo, ahora hace 70 años, las calles de Barcelona y de otras ciudades de Cataluña se poblaron de barricadas. En ellas trabajadores armados, anarcosindicalistas y poumistas, defendieron desesperadamente lo que habían conquistado a lo largo de nueve meses de una revolución que habían ganado cuerpo a cuerpo a la sublevación militar-fascista, cumpliendo así una lejana aspiración liberadora. Lo hicieron con más amargura que fe en la victoria, como reflejan las diversas crónicas de aquellas jornadas, reunidas ahora en un volumen colectivo, Barcelona, mayo de 1937 (Alikornio), así como otro de Ferran Aisa, Contrarrevolució: Els fets de maig de 1937 (Edicions 1984), en alguna medida complementarios al mayor testimonio literario del momento, en el Homenatge a Cataluña, de George Orwell, traducido en multitud de idiomas, y el mayor clásico sobre la guerra (y la revolución) española, tantas veces reeditado. Todos estos testimonios corroboran que Mayo no pudo ser como julio, entre otras cosas porque pesaba entre los trabajadores no solamente el temor por Ias ventajas que pudieran extraer los mal llamados “nacionales” de un enfrentamiento armado en el campo de la izquierda, sino también la comprensión del precio que se está pagando por las concesiones y compromisos del período anterior.
Las tensiones venían de atrás, la restauración republicana se estaba extendiendo, y estaba impaciente por cerrar la fase revolucionaria. El primer 1 de mayo de la Barcelona roja y negra, no se pudo celebrar. El 3 de mayo, lunes, allá por las tres de la tarde, Rodríguez Sala, militante del PSUC, comisario general de Orden Público del Gobierno de la Generalitat, actuando de acuerdo con el conseller (ministro) de Seguridad Interior del gobierno, Aiguadé, militante de Esquerra Republicana de Cataluña, asalta la Telefónica de Barcelona, empresa controlada desde las jornadas de julio del 36, por un comité UGT-CNT, dominado por la CNT. Los consejeros cenetistas en el gobierno exigen sin resultado la destitución inmediata de Rodríguez Salas y Aiguadé. Cuando se va conociendo la noticia del asalto, Barcelona se llena de barricadas levantadas por militantes de la CNT y también del POUM. “El espíritu del 19 de julio se ha apoderado nuevamente de Barcelona”, declara la ejecutiva del POUM.
Azaña, instalado en Barcelona y tan preocupado por su seguridad personal como por el "orden público", hace llegar a Largo Caballero una petición de refuerzos policiales. Aiguadé hará lo mismo, de acuerdo con Companys, solicitando “el envío urgente de 1.500 guardias indispensables para sofocar el movimiento”. En el cinturón obrero de Barcelona, los militantes de la CNT eran dueños de la situación; en la barriada de Sants, por ejemplo, el comité local de la CNT detiene a 400 guardias republicanos. El día 4, martes, Largo Caballero no se decide a enviar refuerzos. Se recrudecen los enfrentamientos en la calle, como "guerra de posiciones", manteniéndose los combatientes en sus barricadas o edificios ocupados, pero sin tratar de conquistar posiciones enemigas. A las dos de la tarde, la CNT y la FAI dan la orden de alto el fuego: “¡Deponed las armas! ¡Comprended que somos hermanos! Si nos combatimos entre nosotros mismos estaremos perdidos”.
La Batalla, órgano del POUM, llama a permanecer “en estado de movilización permanente".
Largo Caballero propone que una comisión de la UGT y la CNT se traslade a Barcelona para buscar el fin de las hostilidades y "para evitar la incautación de los servicios de orden público por el Gobierno Central". Los ministros del PCE, junto a Prieto y los de Izquierda Republicana, presionan a Largo Caballero para que el gobierno se incaute el control del orden público y la política militar en Cataluña. A la una de la tarde, Companys da prácticamente el "visto bueno" a esta posibilidad de incautación. Largo Caballero espera todavía el resultado de las gestiones de la comisión UGT-CNT. En nombre de la ejecutiva del POUM, Juan Andrade anima diversas reuniones con la dirección de la FAI buscando un acuerdo. La última propuesta la basa en considerar que casi toda la ciudad de Barcelona, salvo el centro en torno al Palacio de la Generalitat, está en manos de las fuerzas de la CNT y el POUM. Se trataba pues de “un avance metódico, dirigido por especialistas militares, de las fuerzas combatientes cenetistas y poumistas hacia el centro de la Generalitat, para tomar ésta. La operación no habría sido costosa, dado sobre todo que los elementos que defendían ese casco de la ciudad no poseían muy elevada moral frente a la combatividad de los trabajadores revolucionarios”. Proposición inaceptable para los faístas, porque se mostraban ya abiertamente partidarios de acabar con la situación fuera como fuera, sobre todo, lo que era verdad, "porque el frente de guerra se encontraba a menos de cien kilómetros, había buques de guerra de las potencias enemigas en el puerto y los fascistas se preparaban para aprovechar las circunstancias. Por otra parte, los faístas alegaban que Companys les había prometido que no habría represalias. Yo argumenté que, aún así, tomar la Generalitat suponía la posibilidad de establecer un pacto, de estipular garantías y conseguir posiciones que no fueran las de una simple capitulación. Juzgaron esto imposible sin ofrecer ninguna otra solución.”
Cuando Juan Andrade regresa al local del POUM oye por la radio a García Oliver, dirigente histórico de la CNT, ministro de Justicia y uno de los enviados de Largo Caballero a Barcelona, llamando al alto el fuego con estas palabras: “Consérvese cada cual, si así lo cree, en sus respectivas posiciones, pero que cese el fuego (...) Y declaro que los guardias que hoy han muerto, para mi son mis hermanos. Me inclino ante ellos y los beso (...) todos cuantos han muerto hoy son mis hermanos”. En las barricadas, muchos militantes libertarios reaccionan con indignación ante estas palabras. Los combates continúan.
5 de mayo, miércoles, al mediodía el gobierno central suprime las competencias de la Generalitat sobre orden público y defensa. Prácticamente desaparece la autonomía catalana, pero Companys declara: “El Gobierno de la República, con más medios de los que dispone la Generalitat, puede hacer frente a las necesidades del momento. No son horas de comentario, y lo único que se puede y se debe recomendar, si queremos defender los intereses de la guerra contra el fascismo, es la colaboración leal y resuelta con el gobierno de la República”. Se constituye un gobierno provisional de cuatro consejeros, uno de cada fuerza política: ERC, CNT, Unió de Rabassaires y UGT-PSUC. Antonio Sesé recién nombrado consejero en representación de UGT -PSUC es asesinado. El PSUC acusa del crimen a “provocadores trotskistas al servicio del fascismo”. Por su parte, “Los amigos de Durruti” un pequeño grupo escindido de la CNT-FAI difunde una octavilla donde afirma: “Se ha formado en Barcelona una Junta Revolucionaria. Todos los elementos responsables del intento subversivo que maniobran al amparo del gobierno deben ser pasados por las armas. En la Junta Revolucionaria tiene que admitirse al POUM, porque se ha situado al lado de los trabajadores”. Andrade define a este grupo diciendo: “no eran nada en el plano orgánico y eran un monumento de confusión en el terreno ideológico”. Nunca llegó a constituirse realmente esa "junta revolucionaria".
Prosiguen los llamamientos de la UGT y la CNT a la calma. Mientras el PSUC redobla los ataques contra el POUM. Miguel Valdés, uno de sus dirigentes, declara: “Compañeros de la CNT, no hemos de malgastar un minuto más; hay que acabar con el trotskismo criminal que desde sus periódicos sigue incitando a los antifascistas de Cataluña a que se maten entre sí". En la madrugada es asesinado Camilo Berneri, anarquista italiano, una de las figuras más respetables del movimiento libertario. La situación va calmándose. El POUM da la orden de retirarse de las barricadas y volver al trabajo. Los obreros vuelven al trabajo mientras que 1.500 guardias de asalto enviados por el gobierno central se aproximan a Barcelona; no será necesario bombardear como se llegó a plantear. El 7 de mayo, viernes, llegan los guardias a Barcelona, junto a una fuerza de carabineros enviada por el entonces ministro de Hacienda Juan Negrín. Por tierra y mar siguen llegando refuerzos, hasta sumar en pocos días 12.000 hombres. La CNT da instrucciones a sus militantes de no obstaculizar su llegada a Barcelona.
Desde el lado revolucionario, la discusión no pasa tanto por las perspectivas que se abrían. Ésta era una convicción que resultaba muy minoritaria. La defienden con entusiasmo los jóvenes trotskistas que se hacen llamar bolcheviques-leninistas y que están en conflicto abierto con el POUM, y “Los Amigos de Durruti”, y no sin dudas. Pasa por lo tanto más por crear una correlación de fuerzas que permita unas garantías contra la represión. En el lado de las barricadas no se comprendió todo lo que estaba realmente en juego en aquella batalla en la que los dirigentes de la CNT ya no estaban por la labor. Aún hoy causa estupor leer el primer comunicado de la dirección del POUM tras el abandono de las barricadas el 6 de mayo; “El proletariado ha obtenido una importante victoria parcial (...). Ha desbaratado la provocación contrarrevolucionaria. Le ha asestada un serio golpe a la burguesía y al reformismo”. Esto es justo la historia revés.
En el otro lado de las barricadas sí había una conciencia de lo que estaba en juego. La hubo en realidad desde el 19 de julio de 1936, cuando Companys consiguió convencer a la dirección de la CNT que dejaran en pie la institución de la Generalitat republicana, y la hubo después día a día en la paciente tarea de reconstruir el poder democrático burgués y poner fin al poder embrionario establecido por los comités y las milicias obreras. El papel decisivo en esta tarea correspondió al PSUC, y en especial al sector compuesto por consejeros y expertos enviados por Stalin. Ellos fueron los vencedores de las jornadas de mayo.
La controversia sobre el significado de los hechos de mayo de 1937 en Barcelona sigue en pie, aunque en el presente solamente una minoría más bien patética se atreve a refrendar la actuación estaliniana. Nadie puede defender seriamente las calumnias estalinistas sobre una “conspiración fascista” a través del POUM, y por lo mismo, toda la trama que acompaña al secuestro, tortura y muerte de Andreu Nin. Una trama que ya ha sido desvelada en un 95%, en buena parte por el documental del investigación producido por TV3 Operació Nikolai, obra de Mª Dolors Genovés y Llibert Ferri.
Sin embargo, esto no quiere decir que existe una “justificación”, aunque sea -ironías de la historia- en clave anticomunista. La actual historiografía dominante interpreta los acontecimientos de entonces en clave democrático actual, situando al movimiento obrero como elemento subalterno a la burguesía republicana. La democracia representativa –nos dicen- es una garantía contra la aventura revolucionaria, a la que la derecha amputa la principal responsabilidad del estallido de la guerra. Desde esta perspectiva, contemplan lo que sigue a los hechos de Mayo como algo turbio y lamentable, pero finamente justificable. Aceleró la restauración del orden republicano anterior a la sublevación militar-fascista. El paso siguiente es atribuir el “trabajo sucio” a los comunistas, o a los soviéticos, en exclusiva. Detalles de esta terrible realidad se ofrecen en otro significado documental de TV3, Roig i negre, donde Mª Dolors Genovés, cuenta que tuvieron que vaciar la modelo de fascistas para llenarla de poumistas e “incontrolados” cenetistas, y da cuenta de la existencia de las “checas” y de los campos de concentración. Por supuesto, esta oscura historia no desmiente la buena fe de la mayoría de los militantes comunistas que creían que todo se trataba de una táctica avalada por la URSS, donde dirá una de las más ilustres antifascistas catalanas en Operació Nikolai, “sabían muy bien lo que hacían”.
Para la izquierda con vocación alternativa, los “hechos de mayo” tienen enorme poder simbólico, amén de una importancia histórica de muy amplio alcance. Como recordaron algunos durante las jornadas francesas de mayo del 68, en hojas en las que se rememoraba la revolución en Cataluña durante la guerra civil en general y mayo como parte de ella, estas jornadas representan una de las escasísimas experiencias en Europa occidental de lucha de masas por una revolución socialista liberada de la burocracia. Pero por supuesto, esta es una interpretación. Actualmente es parte de un debate abierto entre los historiadores, pero también entre sectores de la izquierda, y muestra de ello la tenemos en las actividades que entidades como la Fundació Andreu Nin y otras, están tratando de impulsar a través de jornadas, conferencias, ediciones. Hablamos de debates abiertos, plurales, porque no hay respuestas sin controversias.
Sin embargo, lo que para la izquierda debe de quedar fuera de toda duda es la necesidad de recordar y homenajear a las víctimas de la represión estaliniana, y muy especialmente a militantes de la categoría moral e intelectual de Andreu Nin, del anarquista italiano Camillo Berneri o del poumista austriaco Kurt Landau, sin olvidar otros nombres menos conocidos. Debemos de recuperar aquel grito de ¡Ber-ne-ri-Nin!, ¡Ber-ne-ri-Nin! que los trabajadores indignados impusieron en el mitin que la CNT celebró a continuación, con el POUM ilegalizado. Un grito que fue expresión de la más alta conciencia social y humana de aquel trágico momento histórico que Walter Benjamín definió como de “medianoche en el siglo”, título por cierto de una novela del emblemático Víctor Serge dedicada a los líderes del POUM desaparecidos o encarcelados.
Esta tentativa de reproducir en Barcelona los métodos estalinianos (“la guerra contra el trotskismo”, al decir de Santiago Carrillo que sabe de lo que habla) será la mancha más triste y sucia de la España republicana.
Pepe Gutiérrez-Álvarez fue militante de la Liga Comunista Revolucionaria y ha publicado muchos libros y artículos sobre la historia del movimiento obrero y sobre crítica de cine. Actualmente es uno de los principales animadores de la Fundació Andreu Nin.