estelnegre | 24 Novembre, 2008 10:45

Acaba de
aparecer otra obra
póstuma de Josep Benet: Joan Peiró,
afusellat (Edicions 62). Un trabajo
espléndido, como todos los suyos, que pone ante nuestros
ojos con todo lujo de
detalles aquella farsa de proceso. Pero ahora quiero destacar la
formidable
base documental y testimonial de Benet que atestigua el esfuerzo de
Peiró por
salvar personas inocentes. En aquel sangriento verano del 36, en su
ciudad de
Mataró y en la comarca circundante del Maresme, se
jugó la vida una y otra vez para
arrancar de manos de los asesinos a eclesiásticos y a muchas
otras personas
inocentes. En el periódico Llibertat, de
Mataró, escribía semana tras
semana contra los asesinos enérgicos artículos,
que recopiló en el libro Perill
a la reraguarda (Edicions Llibertat, Mataró,
1936). El peligro en la
retaguardia que denunciaba eran precisamente los incontrolados, o no
tan
incontrolados, que con los fusiles que faltaban en el frente mataban y
saqueaban en la retaguardia.
Antonio
Montero Moreno,
actualmente arzobispo emérito de Badajoz-Mérida,
publicó en 1961 su tesis
doctoral Historia de la persecución religiosa en
España 1936-1939, con
un loable esfuerzo de objetividad y espíritu de
reconciliación. Por primera vez
se publicaba el listado de víctimas, 6.832 obispos,
sacerdotes, religiosos o
religiosas asesinados, con lo que se desterraron definitivamente las
versiones
minimalistas o maximalistas. Pero incurría en numerosos
errores, sobre todo por
omisión, por el carácter unilateral de la
documentación utilizada. En sus Aclaraciones
introductorias reconocía que no se
podía escribir con garantía sobre la
persecución "sin acudir honradamente a lo publicado por los
perseguidores
y tomar buena nota de las excusas que aireaban" (p. XVI).
Decía también
que tanto el autor como la editorial "agradecerán
muchísimo cualquier
enmienda o información complementaria, elemento precioso
para una edición
ulterior, si el volumen tiene esta fortuna" (p. XII). Es lo que hice
con
una extensa recensión con numerosas observaciones concretas,
que escribí para
la Revue d'Histoire Ecclésiastique
(1962, pp. 618-630) y envié al autor,
pero que no mereció respuesta ni se ha tenido en cuenta en
una reciente
reimpresión (2004). En una nota del editor, el director de
la Biblioteca de
Autores Cristianos, Joaquín L. Ortega, dice que es una
"escueta y esencial
reimpresión", una "simple pero literalmente fiel
reimpresión",
"es pura y llana reimpresión". Pero al final se ha
añadido una página
con una fe de erratas e imprecisiones, con 15 nombres corregidos y 14
víctimas
más añadidas. Cosas mucho más graves
tenían que haberse enmendado. En el
capítulo III, "extensión y profundidad de la
persecución religiosa",
Montero, que al principio ha dicho que su historia requería
estudiar lo que
decían los perseguidores, recoge palabras de diversos
revolucionarios sobre la
eliminación total de la Iglesia y de los sacerdotes, y entre
los "gritos
de victoria" de los que querían exterminar de
raíz a la Iglesia, cita
estas palabras de Peiró: "El anatema general contra los
mosqueteros con
sotana y los requetés engendrados a la sombra de los
confesonarios fue tomado
tan al pie de la letra, que se ha perseguido y exterminado a todos los
sacerdotes y religiosos únicamente porque lo eran... Matar a
Dios, si
existiese, al calor de la revolución, cuando el pueblo
inflamado por el odio
justo, se desborda, es una medida muy natural y humana" (Antonio
Montero,
op. cit., p. 56, nota 9). Pero omite lo que viene después:
"Matar como
alguien quisiera matar [más arriba Peiró ha
estado acusando a los que matan a
personas que no han cometido ningún delito] sería
algo parecido a los
asesinatos que un tiempo ensangrentaron las calles de Barcelona, cuando
ésta
estuvo presa bajo el zapato de los odiados Anido y Arlegui. Entonces,
los
hombres eran asesinados, no por sus actividades y procedimientos. Lo
eran por
sus ideas, y de esto se protestaba" (Joan Peiró, op. cit.,
pp. 41-43). Más
adelante decía Peiró: "La persecución
del sentimiento y de las creencias
religiosas conculca un derecho inalienable, es un derecho semejante al
que
nosotros reivindicamos cuando se nos persigue por nuestros sentimientos
políticos y sociales", y condena la destrucción
de los símbolos y obras de
arte religiosos (pp. 56-57). Y también: "Que uno sea
burgués o capitalista
no es razón para que los revolucionarios lo persigan y lo
exterminen. Tampoco
lo es perseguir y exterminar curas y frailes por el solo hecho de
serlo.
Nuestra
lucha es contra el
fascismo, y todo el que no sea un fascista comprobado, cualesquiera que
sean
sus ideas, para los antifascistas, para los verdaderos revolucionarios,
ha de
ser una persona sagrada" (p. 93). Queda claro, pues, que lo de "se ha
perseguido y exterminado a los sacerdotes y religiosos
únicamente porque lo
eran" no eran "gritos de victoria" de Peiró, sino firme
condena.
Que en un
libro que quiere ser la
Biblia Vulgata de la persecución se diga y ahora se repita
que Peiró fue un
feroz asesino, es un asesinato moral peor que el físico de
Franco. Que el autor
no se sienta capaz de revisar a fondo su obra, o que ésta
sea muy buscada, no
es razón para difundirla de nuevo sin corregir sus graves
errores y persistir,
faltando a la verdad, a la justicia y al más elemental
agradecimiento, en
denigrar la memoria de Peiró y lanzar contra aquel hombre
honrado esta suerte
de segunda condena.
Hilari
Raguer
es
historiador y monje de
Montserrat
(El País, 22-11-08)
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