estelnegre | 17 Desembre, 2007 10:00
Entrevista
Canek Sánchez Guevara, nieto del Che y editor:
«Ahora se lleva al Che del altar del bien al del mal»
Por su envergadura (alto,
algo encorvado,
corpulento), parece más pariente de Fidel Castro, pero la
larga perilla rizada
y su discurso le devuelve a su abuelo, Che Guevara. Hijo de Hilda,
primogénita
del comandante, Canek Sánchez Guevara (La Habana, 1974),
acaba de editar, junto
a Radamés Molina, Diario de Bolivia
(Linkgua), anotaciones del
revolucionario en su última batalla. La edición
cuenta con 400 notas, de una
objetividad casi contranatura. "No puedo hablar del Che como mi
abuelito;
mi madre tenía 10 años cuando murió;
hay que encontrar siempre la distancia
real", afirma desde Barcelona, ciudad que alterna con Francia como
residencia y donde hace de editor. El gen intelectual del abuelo es,
adaptado a
los tiempos, más notorio de lo que parece.
Pregunta. ¿Qué
idea quedó en su madre sobre el
episodio de Bolivia?
Respuesta. De entrada, la de
la muerte del padre, en cualquier sitio o circunstancia que fuese. En
otro
estadio, no puedo hablar por mi familia, pero creo que se valora como
el triste
resultado de una decisión apresurada.
P. ¿Y las causas?
¿Una traición de
Fidel, un Che desengañado que optó por una
acción suicida o una chapuza
militar?
R. Incidieron los tres
factores, con el
protagonismo de Fidel: la obsesión del Che era la
revolución, el ideal; la de
Fidel, el poder, el pragmatismo; en algún momento
tenía que haber un choque. Es
evidente que había celos profesionales.
P. En Occidente se revisa
ahora la figura de
su abuelo, casi acusándole de ser el culpable del
surgimiento de las dictaduras
en América Latina.
R. Es un giro coperniquiano
ridículo: se
hace bajar al Che del altar del bien para llevarlo al del mal. Cierto
que, a
pesar del fracaso, con su postura dio el banderazo de salida de los
grupos
armados en América Latina, pero nadie les obligó
a seguir ese camino. Ningún
hombre es absolutamente bueno o malo, claro... El problema
está en el mismo
término: revisionismo. El revisionismo del Holocausto es la
negación de las
masacres; algo similar está sucediendo con el del Che. Es un
error
historiográfico analizar según qué con
los parámetros de hoy; uno de los mitos
de la posmodernidad es que la imparcialidad no existe; viendo
cómo están las
democracias actuales, no es de extrañar que se vean como
extremismos cosas que
antes eran naturalmente asumidas por la izquierda.
P. En parte de Oriente pasa al
revés: Bin
Laden es equiparado al Che.
R. Como en todo icono, al
volverse
símbolo pierde parte de su esencia, de su ser real y
sólo quedan ciertos
valores más o menos universales que pueden ser utilizados en
cualquier
contexto. Y eso es válido para iluminados, desde Bin Laden a
Hugo Chávez.
P. Usted se marchó
de Cuba en 1996 y no ha
vuelto.
R. En los noventa Cuba estaba
muy mal y a ese
estado general se unió una crisis personal y laboral, una
imposibilidad para
hacer mi vida; siempre me moví en ámbitos
contraculturales y ya se sabe en
tiempos de crisis: primero, comer y luego, la poesía.
P. ¿Actuaba en una
banda de heavy
con una camiseta con la bandera americana?
R. No, pero sí es
cierto que lo hacía
con un billete de un dólar pegado en la guitarra... Era una
broma personal. El
rock estaba ya despenalizado, pero nunca fue legalizado del todo,
siempre había
un policía jodiendo.
P. Hace tres años
atacó duramente a
Fidel. ¿En qué ha traicionado la
revolución?
R. La primera
traición es que no se
quería hacer tanto una revolución como recuperar
la Constitución de 1940 y
llegar a unas elecciones. Luego el proceso revolucionario se
radicalizó, pero
la propiedad privada pasó toda al Estado, que se
convirtió en el nuevo patrón:
los ciudadanos trabajan para el Estado, cobran del Estado y acaban
gastando en
el Estado; es el sueño de todo oligarca.
P. Sus críticas
pueden servir a los
grandes enemigos de la revolución cubana.
R. El acriticismo militante ha
sido nefasto
para la izquierda: sin ser crítico no se puede ir a
ningún lado, se estanca y
se reproduce lo peor; para mí, ser de izquierdas no
significa estar en contra
de la derecha, sino del poder, sea quien sea quien lo ejerza. Me
costó mucho
distanciarme de todo lo aprendido en Cuba... Quizá se
acabó la lucha armada
revolucionaria, pero no la lucha como tal.
P. ¿Existen canales
para ello en las
sociedades actuales?
R. Si no los hay, debemos
crearlos. Existen
organizaciones sociales, ONG y otras de carácter
cívico-personales, como los
colectivos lésbico-gays, o los antimilitaristas, que no
aspiran al poder, pero
que con su presión acaban forzando leyes.
P. ¿La lucha armada
está ya descartada como
vía?
R. Por ahora, sí.
Por siempre sólo está
la muerte. Hoy no forma parte de las obsesiones sociales.
P. ¿Qué
siente cuando ve el merchandising
sobre su abuelo?
R. Soy un iconoclasta, pero
siempre
impresiona ver que un hombre que eligió el capitalismo para
ponérselo al frente
como enemigo haya acabado así.
P.
¿Algún objeto especialmente hiriente?
R. Mi único choque
visceral es con una
camiseta con un rostro con la mitad de la cara de Jesucristo y la otra,
la del
Che. Soy ateo y esas santificaciones...
Carles Geli (Barcelona)
El País, 16-12-07
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En ocasión del 40 aniversario de la muerte de Ernesto Guevara, más
conocido por el Che, la editorial francesa Presses de la Cité, ha
publicado un libro, Les héritiers du Che, de Canek Sánchez y Jorge
Masetti, que se ha agregado a la larga lista de los editados este año
con ese pretexto. Una efemérides que, paradójicamente -por lo que
pretendidamente representaba el Che- se ha convertido en una de las más
comerciales del mundo.
El presidente boliviano René Barrientos debía estar muy lejos de
imaginar que, al ordenar la ejecución del Che y hacerlo enterrar
secretamente el 8 de octubre de 1967 en los alrededores de un pueblito
de la sierra boliviana, lo convertía en mártir y contribuía
decisivamente a forjar una de las leyendas más mediatizadas y
mundializadas del siglo XX. Una leyenda transformada rápidamente en
mito y culto ideológico entre los jóvenes en rebeldía de los cinco
continentes; pero también en una fuente inagotable de explotación
mercantil de la idolatría juvenil por los iconos mediáticos que la
sociedad de consumo ha extendido por todo el planeta globalizado.
El hecho es que, mientras los homenajes al célebre guerrillero,
“heraldo de la lucha contra el capitalismo y el imperialismo”, se han
quedado reducidos a los actos que ritualmente organizan los Castro,
Chávez y compañía para hacer creer que siguen su senda, la efigie del
Che está cada vez más presente en los comercios y mercados del mundo
entero, adornando toda clase de objetos y vestimentas: desde pañuelos,
bufandas, camisetas, playeras y prendas diversas de los grandes
costureros, hasta mecheros, cartas postales, etiquetas de vino y
artículos de uso corriente, como platos, cafeteras, bandejas, hueveras,
etc.
La paradoja de esta leyenda no es sólo el haberse quedado reducida a
una aureola mesiánica sino que, además, el mito es interpretado de mil
maneras diferentes y en la mayoría de los casos únicamente por interés
partidista o codicia mercantilista. No obstante es verdad también que,
para algunos sectores de las nuevas generaciones con conciencia
política, el nombre del Che les suena y recuerda un rebelde contra las
injusticias de este mundo, y que por ello lo reivindican en sus
protestas contra la mundialización capitalista. Inclusive entre los
sectores más alérgicos al mesianismo y al dogmatismo marxista suele aún
manifestarse esta simpatía hacia el rebelde que, abandonando los
privilegios y vanidades del poder instituido en Cuba, fue a morir
luchando en los Andes bolivianos para “liberar el continente americano
de las garras del imperialismo yanqui”.
Pues bien, aunque ya en algunos libros dedicados anteriormente al Che
ha sido puesta en evidencia la personalidad profunda de este icono
revolucionario, los testimonios de Canek Sánchez Guevara, nieto del
Che, y de Jorge Masetti, hijo de uno de los compañeros de armas más
cercano al Che y ex agente de los servicios conspirativos cubanos,
aportan informaciones sorprendentes y enfoques muy valiosos sobre este
arcángel a doble cara. Sobre todo para no olvidar su rigidez ideológica
y una severidad insospechable tras su cara de ángel; pero también para
comprender la verdadera naturaleza del régimen dictatorial cubano, que
también era el modelo del régimen que el Che quería instalar en el
resto del continente.
En diferentes periodos, Canek y Jorge vivieron en Cuba cuando eran
jóvenes y saben por experiencia propia cómo vivía la juventud cubana la
realidad cotidiana de esa Revolución impuesta desde arriba, que
rápidamente quedó reducida a lemas publicitarios y desfiles para
aclamar a sus jefes y a los mártires de la lucha revolucionaria.
Lejos de la visión mitológica del Che y del régimen cubano, Canek
Sánchez Guevara y Jorge Masetti esbozan una imagen muy diferente de la
mitificada por los servicios de propaganda pro castristas, mostrando la
dureza implacable de los jefes revolucionarios, las mentiras y timos de
la casta de privilegiados y los brutales comportamientos de un mundo
policiaco omnipresente y represivo. Sus testimonios revelan la
existencia de una sociedad petrificada en un apartheid social y de un
sorprendente “underground” en el que los jóvenes rebeldes se
identifican más a la cultura rock, punk o hippie que al martirologio
oficial y a los códigos de la burguesía castrista. Una juventud que
aspira a la libertad y a la que hace reír la gesta guevarista
promocionada y explotada por la oligarquía revolucionara para su
provecho exclusivo. Estos testimonios hacen caer las máscaras y
desmitifican la leyenda del Che y su guerrilla, pero sobre todo la de
la Revolución cubana.
Un libro a leer y a recomendar su lectura.