estelnegre | 16 Octubre, 2007 14:11
Combatió por la libertad en Cataluña durante la Guerra Civil y se exilió en Toulouse
Los
anarquistas de 1936 tenían un bello lema: «La
libertad no se da, se toma». Algunos se entregaron a
él y decidieron que valía
la pena intentar ser libre. Para ellos, entre los que se
contó Joan Sans
Sicart, fallecido el pasado 30 de septiembre en Toulouse (Francia), la
libertad
era la de hoy. Porque afirmaban que una de las principales trampas del
capitalismo es comprar el hoy a cambio de la libertad de
mañana. Como si no
fuera evidente que siempre habrá un mañana que
comprar con la dependencia de
hoy.
Joan Sans
vivía en la ciudad de Toulouse (muy cerca de
donde lo hizo hasta su muerte Federica Montseny, de quien fue su
secretario). Y
en su casa guardaba amorosamente la bandera de la 26ª
División, sucesora
directa de la Columna Durruti, en honor de uno de los dirigentes
anarquistas
que murió en el frente de Madrid, en un episodio confuso,
intentando evitar que
la rebelión fascista de 1936 acabara con su libertad.
Sans fue un
anarquista de vieja escuela; es decir,
partidario de la supresión de las patrias, y convencido de
que las fronteras
son más fruto de los intereses de la burguesía
que de la naturaleza de las
cosas.
Movilizado
tras la sublevación del general Francisco
Franco, fue destinado primero a Cadaqués y luego nombrado
comisario del
Batallón de Choque de la 26ª División.
Hay quien ha escrito que participó en la
defensa de Cataluña. Pero él hubiera rechazado
esa descripción.
Luchó
en defensa de la libertad y de la clase obrera.
Porque Sans Sicart estaba convencido de la existencia de las clases
sociales,
entendidas en el sentido anarco-comunista del término:
agrupaciones voluntarias
de personas con intereses comunes frente a otras con intereses
contradictorios.
La
rebelión facciosa le pilló con 21
años. Cuando marchó
al exilio, tenía 24. En medio quedaron sus luchas en los
frentes del Ebro y del
Segre. Es decir, en los confines de Cataluña, pero
él entendió siempre que era
en los límites de la libertad.
Deja una
obra que es testimonio de una esperanza
ilusionada, de una convicción en la capacidad del hombre
para cambiar el mundo
y abolir la explotación.
Su
último texto fue El dia de les sirenes. El triomf
anarquista el 19 de juliol de 1936, publicado en
Pagès Editors; Barcelona,
2007 (El día de las sirenas. El triunfo anarquista
del 19 de julio de 1936).
Atrás quedaron otras obras: Escoltant el meu avi
(Escuchando a mi abuelo),
Comisario de guerra en el exilio, Reflexiones de un libertario.
Ha muerto,
pero ha intentado afianzar la idea de que hay
cosas posibles, entre ellas, que la humanidad tenga un futuro mejor.
Francesc
Arroyo
(El País, 16-10-07)
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