estelnegre | 09 Juliol, 2007 09:35
La
«okupación» que cambió
Balears
El desembarco de un grupo de jóvenes en sa Dragonera en 1977 supuso el inicio de la lucha por el medio ambiente

Algunos de
ellos habían
leído a Proudhon, a Kant, a Kropotkin y a Russell, entre
otros autores.
Algunos, tal vez los más, se dejaban llevar por una vaga
sensación de justicia
y peligro. Otros eran sencillamente amantes de la naturaleza. Un
número indeterminado
de estas personas, entre 20 y 30, alquilaron hace treinta
años una golondrina
en Sant Elm y fueron con ella hasta sa Dragonera, donde algunos
acamparon.
Con este
gesto inofensivo
no sólo empezaba un movimiento de defensa decisivo para el
futuro de aquella
isla, que culminaría casi quince años
más tarde, en 1995, con la protección
integral del territorio; también nacía el
ecologismo en Balears, y lo hacía
fuera de entidad alguna.
Miquel
Rayó recuerda desde
el GOB que esta entidad sufrió al verse en la tesitura de
dar su apoyo o no a
la acción, algo que hizo al final gracias al apoyo de
Jesús Jurado, Gabriel
Pomar o Francesc Moll. Y llegaría a causar una crisis de su
gobierno, donde
Moll sustituiría poco después a Josep Maria
Casasayas, quien se había reunido
varias veces con los participantes en la acción y
"sabía lo que iba a
venir", según uno de los participantes de las reuniones.
Que una
acción externa
supusiera una crisis en el seno de una organización
ornitológica revela el
impacto que ocasionó en toda la sociedad balear. De hecho,
la citada entidad y
sus abogados acabarían "haciendo un trabajo
magnífico hasta conseguir el
estatuto que merece la isla: parque natural", afirma Basilio Baltasar,
una
de las personas que ocuparon sa Dragonera en el 7 de julio de 1977, y
considerado el inspirador de aquella acción.
Pero el
cambio iba a ir
mucho más allá del GOB, como demuestra el hecho
de que hoy ningún partido
político deje de añadir el adjetivo "sostenible"
a cualquier
sustantivo que denote crecimiento. Josep Lluís
Mádico, integrante entonces del
grupo que se conocería como Talaiot Corcat, define la
acción como "pedrada
en un estanque: tenía que notarse por fuerza, pero
además cayó en el lugar
preciso para que se oyera y se vieran mejor las ondas".
Y
así fue. Tras la
publicación de la acción radical, se
comprobó que la sociedad estaba, a pocos
días de unas elecciones democráticas, deseosa de
hacerse oír. Dos días después
de la ocupación, trescientas personas se desplazaban hasta
Sant Elm para
sumarse a los «ecologistas». Y entre ellos gente
como Baltasar Porcel o
Leopoldo María Panero, capaces de llamar la
atención de la prensa. Además, un
artista joven como Miquel Barceló atrajo a otros como
Menéndez-Rojas, Pere
Joan...
Pero
¿quiénes eran aquellos
jóvenes que acampaban en la isla? Dado lo
heterogéneo del grupo, no sorprenderá
lo divergente de las versiones. Mádico, que ostentaba el
increíble título de
presidente de Talaiot Corcat --era el único mayor de edad
cuando se fundó--, da
la versión más conocida. En 1976, en la esquina
de las calles Antillón y Pere
de Alcàntara Penya, un grupo de jóvenes pone en
marcha el bar Talaiot Corcat,
usando "lo que quedaba de una caja de resistencia de la CNT y una letra-pelota" que iría y
volvería
una y otra vez.
Según
Mádico, aquel centro
que funcionaba como ateneo libertario acogería a diferentes
grupos de personas:
montañeros como Bartomeu Quetglas, José
María Álvarez, José García
o Juan
Llull; jóvenes «libertarios», como los
hermanos Josep y Miquel Moreno; un grupo
de personas que venían de la acción sindical,
como el mismo Mádico; y un
conjunto de ideólogos, algo mayores que el resto, entre los
que destacaba un
supuesto grupo bajo el nombre de Terra i Llibertat, entre cuyos
miembros se
contaban Joan Cifre y Basilio Baltasar. Este último niega la
existencia de
dicho grupo. "Terra i Llibertat era un lema, nada más".
Fuera como
fuera, el 5 de
julio, un grupo de jóvenes se reunieron. Baltasar asegura
que entonces
entendieron el alcance de lo que tenía que ocurrir,
"mientras jugaban
imaginando lo que iba a pasar". Dos días después,
empezaba la ocupación.
Recordemos
ahora por qué se
produjo. Una empresa, Patrimonial Mediterránea S.A.
(Pamesa), había conseguido
--de manera ilegal-- autorización para crear una gran
urbanización en la isla,
a la que pretendía «preservar» mediante
reforestación en las zonas que no eran
aptas para la edificación. Es inútil describir
ahora aquel proyecto megalómano:
basta decir que incluía helipuerto y una aldea para los
trabajadores.
Y contra la
ilegalidad se
estableció la acción ilegal de los
jóvenes, que culminaría, como se ha repetido
hasta la saciedad, con la compra de la isla por parte del Consell de
Mallorca
en 1987 y la posterior declaración como parque natural en
1995.
Pero como
en todos los
cuentos fantásticos --y este lo es--, la maldad acecha a la
pureza. Se ha
sugerido repetidamente que Pamesa utilizó a los ecologistas
como anzuelo para
vender la isla con ventaja. "Es posible, pero es mejor pensar que
simplemente conseguimos impedir la edificación de la isla",
explica con un
deje agridulce Miquel Moreno, uno de los jóvenes de Talaiot
Corcat. Josep Lluís
Mádico coincide en esta versión, pero
añade sabiamente: "Lo importante es
que la isla está protegida..."
Y,
ciertamente, algunas de
las circunstancias de la acción resultaron sorprendentes.
¿Por qué las fuerzas
del Estado no impidieron la ocupación? Moreno recuerda que
un barco de la
Armada estaba allí, preparado para desalojar a las personas
acampadas, a las
que él daba cobertura logística desde Sant Elm
(eran más los que trabajaban
desde Mallorca, organizando a la gente y llevando víveres a
los
"afortunados que tomaban el sol en sa Dragonera"); y su furgoneta era
seguida en todo momento por la Guardia Civil. Sólo un
año más tarde, la Policía
Nacional actuaba con contundencia contra los manifestantes a favor de
la
conservación de la isla.
Baltasar no
cree que
"nadie se plantease en serio la represión, apenas unos
días después de las
primeras elecciones democráticas desde 1936". Otros han
apuntado que los
hermanos Moreno, vinculados a la Cruz Roja, conocían las
frecuencias de emisión
de las fuerzas estatales para burlar su cerco. Como no podía
ser de otra
manera, Miquel Moreno lo desmiente.
El juego de
los desmentidos
es normal entre los protagonistas de aquella acción,
calificada en su momento
de "algarada ácrata". Parece que quienes organizaron y
participaron
de la ocupación desean pasar inadvertidos. En cambio,
quienes quedaron varados
en la playa de Sant Elm, intentando llegar a la isla, siguen
soñando que lo
consiguieron. Y todos dicen la verdad.
***
Baltasar:
«Decíamos hace 30
años lo que Al Gore dice ahora»
El
versátil editor y
periodista Basilio Baltasar ha sido señalado de manera
unánime y persistente
como ideólogo de la invasión, aunque
él haya declinado este cargo. Sin embargo,
ningún testigo de aquellos años puede negar que
fue el actual director de
Relaciones Institucionales del Grupo Prisa el inspirador de la
ocupación de
aquella isla amenazada. Baltasar sigue reivindicando la pureza de
aquella
acción, en la que identifica el acta fundacional del
ecologismo balear, pero
también su vigencia. Según Baltasar, lo acaecido
en 1977 bien pudiera repetirse
hoy.
"¿Y
por qué no?",
se pregunta: "La ciudadanía, como entidad ilustrada, es un
acto de
creación y acción política constante.
Basta estar convencido de ello para
enriquecer a la comunidad con la iniciativa individual. Si la
democracia no es
participativa no será más que un
espectáculo deforme de nuestros peores vicios
colectivos."
Este
carácter
participativo, casi espontáneo y anónimo, fue uno
de los aspectos garantes del
éxito de la acción. "El éxito y la
popularidad de la ocupación de sa
Dragonera procede de las ideas y del espíritu con que se
llevó a cabo. Salvar
una isla «virgen» de la especulación, de
la destrucción, del engaño",
afirma. "Fue un acto de afirmación moral y natural. Se
difundió a través
de la intuición, no a través de farragosos actos
de propaganda. No se pedía el
voto ni la afiliación ni el aplauso: se tomó la
iniciativa, y la invitación a
participar estuvo abierta siempre. El olfato popular
percibió claramente esta
diferencia."
"Ninguno de
nosotros
nos dedicábamos, ni nos dedicamos después, a la
política. No hubo siglas ni
organizaciones ni ambición institucional. Fue una
acción política, desde luego,
pero entendida como el arte de crear situaciones nuevas, el arte de
inventar el
futuro", insiste. "Esa cultura de seminaristas celosos que regentaba
los miedos sociales en Mallorca se resistía al libre
intercambio de ideas,
proyectos y acciones. Pero el ímpetu creativo
pasó por encima de este corral de
gallinas asustadas".
Se trataba,
al fin, de
exigir el cumplimiento de la legalidad, aunque fuera a
través de una acción
ilegal. Señala Baltasar que "la isla estaba protegida por la
legislación
hasta que una mano furtiva y clandestina, gracias a sobornos e
influencias,
modificó el plan de espaldas a los organismos
«legales» para ejecutar la
operación urbanística. Lo ilegal fue, como
siempre, el acto de corrupción. La
campaña por sa Dragonera fue un simple acto de salud
política. Como lo ha sido,
por otro lado, la reciente detención del alcalde de Andratx".
Sin
embargo, existió una
comunicación poderosa a través de la imagen que
destacó en todo momento y
atrajo la atención de muchos: "Antonio Socías,
Pere Joan, Menéndez Rojas,
Vicente Torres, Vicens Ferrer y Miquel Barceló fueron
algunos de los jóvenes
artistas (hubo también músicos, actores de teatro
y poetas). Pero no era merchandising
ni nada que se le parezca.
Fueron actos de comunicación que transmitían la
capacidad por inventar
lenguajes y posibilidades. El marketing es una rutina comercial que
invade la
vida cotidiana de los ciudadanos, entregados a la práctica
del consumismo
banal. No tuvo nada que ver con nuestros arte-factos",
puntualiza el pensador.
En
cualquier caso, la
ocupación de sa Dragonera no fue un hecho casual ni banal, y
cambió de manera
abrupta una visión de la sociedad cuando "la izquierda no
sabía qué era el
ecologismo y el GOB era un grupo de ornitólogos", aunque ya
entonces
"hizo un trabajo magnífico". "Sa Dragonera
estrenó en Mallorca
el ecologismo como fuerza política, como lectura e
interpretación de los
riesgos de la sociedad industrial, tal y como se conocía
desde tiempo atrás en
Estados Unidos y Europa. Lo que ahora dice Al Gore, lo
decíamos treinta años
antes nosotros".
C.
Canals
(Diario de Mallorca, 08-07-07)
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Jo també vaix está allá.....I va esser una lluita fantàstica..Una salutacio a totsels que de qualque manera varen fer la nostra illa una mica mes lliure