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«Copenhaguen, 8 de març de 1910», per Albert Herranz Hammer

estelnegre | 08 Març, 2007 07:54

«Copenhaguen, 8 de març de 1910», per Albert Herranz Hammer

Demolició de l'«Ungdomshuset» (05-03-07)

Els mitjans de comunicació s'han esplaiat aquests darrers dies amb la virulència amb que els joves, i no tan joves, habitants de la capital danesa han defensat i protestat contra la compra i posterior demolició de la casa ocupada «Ungdomshuset». No entraré a valorar el caràcter contundent de violenta d'uns i altres. No sóm partidari de la violència.

Aquesta casa ha anat funcionant com a centre cultural juvenil des de la seva ocupació. La compra d'aquest edifici per una secta religiosa fundamentalista ja és motiu de protesta, ja que serà demolida per erigir un centre de propaganda reaccionària en el seu lloc, però hi ha més motius. I aquests motius ens afectem a tots.

Aquesta casa va ser la primera Casa del Poble on els ciutadans de Copenhaguen varen poder aprendre a llegir, a tenir un contacte amb la cultura i a organitzar-se.

Tot i això, el motiu que ens afecta a tots és el següent: com tothom sap el 8 de març de 1908 129 dones moriren cremades durant una vaga a la fàbrica Cotton Textile Factory a Nova York. L'any següent es va celebrar als EUA per primera vegada el Dia de la Dona Treballadora arran d'una convocatòria feta pel Partit Socialista d'Amèrica.

Aquest dia, el 8 de març, va ser proposat l'any 1910 com a dia mundial en un Congrés Internacional de Dones Socialistes realitzat a Dinamarca. L'edifici que va acollir aquesta declaració fou l'actual «Ungdomshuset» i des d'aquí es va estendre a tots els racons del planeta la celebració.

Per això hi ha tanta gent al carrer i no tan sols danesos: es tractava de defensar un patrimoni sentimental i històric que ens parla de les decisions que ha fet la Humanitat per intentar dotar-se d'una societat millor.

Es tractava de defensar la memòria viva dels moviments socials que a hores d'ara només són un munt de pedres enrunades que reben l'homenatge dels ciutadans en forma de llàgrimes i flors.

Albert Herranz Hammer

Ateneu Llibertari Estel Negre


 

Comentaris

  1. 'Okupes' enderrocats

    No ens enganyem: el sòl europeu és car i la idea de fer-lo rendible forma part de la vida de molta gent. Observo cada dia el solar que ha anat quedant després de l'enderrroc, ja fa alguns mesos, de La MaKabra, la casa okupa barcelonina on s'havia instal.lat un centre d'arts escèniques on practicar i aprendre de forma gratuïta teatre, dansa, música i circ. Vaig mirar el lloc encara amb més tristesa quan vaig saber que havia començat l'enderroc d'una altra casa okupa històrica, la de Copenhaguen, que per cert havia estat cedida per la municipalitat de la ciutat el 1982 a un grup de joves inquiets que van sol.licitar un espai on portar a terme activitats artístiques, lúdiques i culturals, un aspecte que posaria en qüestió la literalitat del terme okupació. Aquesta casa de Copenhaguen l'han venut a un grup cristià fonamentalista. Em pregunto si convidaran a posar la primera pedra el polític polonès que fa alguns dies declarava que l'avortament era un assassinat i que s'havia d'acabar amb la propaganda homosexual.

    Flàvia Company

    ("El Periódico de Catalunya", 12-03-07)

    Flàvia Company | 12/03/2007, 04:32
  2. Demolido en Copenhague el edificio en que Clara Zetkin y Rosa Luxemburgo proclamaron el 8 de marzo Día de la Mujer Trabajadora

    Demolida la «Casa de la juventud» en donde Clara Zetkin y Rosa Luxemburgo proclamaron, en 1910, el 8 de marzo como “Día de la mujer trabajadora”. Después del desalojo de los ocupas y los choques, las topadoras, fue derribado en Copenhague el histórico edificio que albergó a Lenin, Clara Zetkin y Rosa Luxemburgo. En su lugar, una iglesia para una secta.
    Una topadora para demoliciones, la enorme bola de cemento que golpea hasta abatir el Ungdomshuset, la "Casa de la juventud", cuya demolición causó una de las más grandes protestas callejeras en Dinamarca, al menos desde diez años a esta parte. Ayer a la mañana,
    los obreros llegaron a las ocho, con el rostro cubierto para no dejarse reconocer. Una medida de seguridad. En torno a ellos, sin embargo, ninguna protesta. Sólo lágrimas. Muchísimas. Y luego flores depositadas en el piso, cantos, tarjetas de adiós y una bandera: "Podéis abatir los muros, pero los fundamentos quedan". La destrucción del caserón de ladrillos del barrio Noerrebo de Copenhague ocasionó verdadero luto en los muchachos que habían ocupado el centro social. Pero también en muchas personas de la izquierda danesa que, de una u
    otra manera, fueron iniciadas en la política justamente en aquel lugar. Que desde ayer es una pila de cascotes.
    Sin embargo, la "Casa de la juventud" era verdaderamente un monumento histórico, aun cuando hubiera sido calificada como inutilizable por las autoridades danesas, en vista de que nunca fue reestructurada. Precisamente entre aquellos muros, el 29 de agosto de 1910, Rosa
    Luxemburgo y Clara Essner Zetkin proclamaron el 8 de marzo como día de la mujer, en ocasión de la segunda conferencia de las mujeres de la Internacional socialista. En esa misma ocasión se discutió también acerca del voto femenino como derecho universal, y no ligado al
    "censo" como pedían las sufragistas. Siempre en aquel edificio de ladrillos, habló nada menos que Vladimir Ilich Ulianov, Lenin. En suma, un pedazo de historia, más allá de las polémicas contra la ocupación del edificio y de las extrañas compraventas en las que estuvo implicado (los últimos propietarios son los representantes de una secta cristiana). El palacete había sido construido en 1897, en lo que era un barrio obrero, precisamente para ofrecer a los trabajadores un lugar de encuentro. Era el equivalente de una "casa del pueblo" (y en
    efecto, se llamaba "Folket hus"), donde tenían su sede sindicatos y asociaciones. Después, hacia los años '60, fue abandonado: los sindicatos se mudaron a una nueva sede. Durante mucho tiempo permaneció desocupado. En los años '80 entró en las miras de una gran
    cadena de supermercados, la Brugsen, que quería tirarlo abajo para construir un gran local. En aquel caso, el municipio se interpuso y lo adquirió. En 1982 fue asignado a un grupo de jóvenes, y se volvió la "Casa de la juventud". Después, en 1996, un incendio la devastó. Dio
    inicio entonces una larga batalla legal con aquellos que se habían vuelto bajo todos los efectos los ocupantes, que no confiaban en poner el palacio en manos de instituciones para una reestructuración porque temían que eso habría cambiado su destino de uso. Hasta el 2000,
    cuando el palacio fue vendido por el municipio a una sociedad. Una oferta de compra había llegado ya entonces de parte de la secta cristiana "La casa del padre", pero el municipio la había descartado considerándola poco seria. La portavoz de la secta dijo que había tenido una especie de visión leyendo una bandera que los ocupantes habían colgado fuera de los muros para protestar contra la puesta en venta del edificio. Decía más o menos: "En venta, con 500 sicópatas venidos del infierno". Claramente el mensaje era irónico. Pero, evidentemente, no para la secta que desde entonces ha hecho de todo para apoderarse del edificio. Y lo ha logrado, porque en cierto momento, la sociedad que había comprado el palacio, lo revendió
    justamente a la "Casa del padre".
    Ayer, entonces, para la secta cristiana se cumplió la misión: derrumbar el edificio. La portavoz de la secta, Ruth Eversen, se justificó explicando que en su interior estaba todo inutilizable. Los
    ocupantes piensan que, ahora, los propietarios revenderán el terreno, porque el único objetivo era destruir el palacete. Durante las operaciones de demolición fueron detenidas seis personas,
    que pasaron sobre las barreras. El total de los detenidos es todavía de 189 personas. En los tres días de protesta los detenidos fueron en total 600, 149 de ellos eran ciudadanos extranjeros, entre los cuales había veinte italianos: once fueron liberados y deberían regresar hoy a Italia. Otros nueve hasta ayer permanecían todavía detenidos: tres deberán hacer frente a un juez, mientras que los otros seis podrían ser liberados. En la tarde de ayer se produjo una manifestación delante de la cárcel. Va de suyo que Copenhague no es Roma, Milán o Turín. Y si el modelo social y de bienestar no es comparable (aun cuando, como ha sido justamente subrayado en estos días, esté en rápida y no positiva evolución), la imagen tolerante y un poco ajena parece destinada al archivo. También impactan los centenares de arrestos, los detenidos, los choques. ¿Pero a quién impactan? A aquellos para los que son cosas de los años '80 o, como máximo, '90; a los convencidos de la existencia de políticas para los jóvenes en Europa y, quizás, también en Italia; a aquellos para los que la especulación inmobiliaria es un tigre de papel; a quien considera y sostiene sólo a la familia pensando que los hijos...
    Y en cambio existe esta fastidiosa y perdurable tendencia a construir modelos sociales alternativos que atraviesa las generaciones, interfiriendo además con los intereses ajenos. Y en paralelo una tensión autoritaria y normalizadora que se aviva periódicamente tanto en tierras de derechas como en aquellas socialdemócratas. Cierto, alguien me responderá que en todos lados existen los mismos principios: también allí se bate moneda, existen réditos, salarios y
    beneficios, el ladrillo tiene igual consistencia. Pero dado que naciones y municipalidades diferentes han producido sobre el tema políticas completamente disímiles, con modalidades de gobierno con resultados antitéticos, sigo convencido de que el mal ejemplo dado por quienes administran Copenhague puede ser derrotado y no asumir la semblanza de un modelo con costos inmediatos evidentes y costos futuros imprevisibles. Imponderables, al punto que habría que arrestar a los administradores y liberar a los manifestantes, o al menos ponerlos juntos.
    Aquí, entre nosotros, está todavía viva la campaña de criminalización de las pasadas semanas, donde la frecuencia de presuntas y residuales veleidades lucharmadistas en este o aquel centro ha cebado a la derecha nacional en el pedido de desalojos y lágrimas. Pasando por
    encima de la evidencia de que bajo análoga denominación trabajan realidades bastante diferentes entre sí, dique más que combustible de sugestivos retornos de las llamas. Casi que sindicatos, asociaciones y centros fueran, para estos proyectos, un obstáculo más natural de lo
    que pueda ser la seccional local del Rotary o la asamblea de la Confindustria.
    Es necesario, por el contrario, un radical cambio de estrategia y de las políticas públicas hacia estos lugares (centro sociales o espacios públicos autogestionados). Y pronunciar la palabra público produce ya un fuerte eco que evidencia su total ausencia. Es necesario una dirección nacional que no delegue totalmente en la buena o mala voluntad de éste o aquel ente local. Como por otra parte sucede con las (pocas) políticas habitacionales y contra (modesta contra) la precariedad.
    Por ejemplo un fondo nacional de "emersión" a disposición de comunas y provincias tendente a soluciones positivas para los espacios sociales, hubiera sido, en el presupuesto nacional, una óptima señal. Pero en el enciclopédico abastecimiento del gobierno no se ha encontrado voz ni ha sido posible insertarla. Estamos a tiempo de remediarlo. Me doy cuenta de que frente a un
    síntoma, y me temo que los sucesos de estos días lo sean, se precisaría atacar con una fuerza diferente el conjunto de los temas. Mientras tanto, no estará de más expresar nuestro agradecimiento a los amigos y compañeros/as daneses y alemanes que incluso nos están dando una mano a nosotros mismos.

    Daniele Farina

    Daniele Farina | 12/03/2007, 13:34
  3. Solidaritat amb l’Ungdomshuset a Barcelona

    El consolat danès de Barcelona ha estat atacat en solidaritat amb l’Ungdomshuset i la gent presa per resistir-se al seu desallotjament
    El 24 d'abril, un grup d'activistes han portat a terme una acció de solidaritat amb la lluita de l’Ungdomshuset.
    El grup ha entrat al consolat danès, a la quarta planta d'un edifici comercial del centre de Barcelona.
    Un gran missatge que deia «Ungdomshuset: no oblidem» ha estat pintat a la paret, i s'han llançat bombes de pintura a les parets, a terra i a les prestatgeries que contenien arxivadors i documents.
    S'han llançat pamflets per tota l'oficina i tant l'escut de Dinamarca com les fotos del rei i la reina d'aquest país han estat ratllades amb el nombre 69, número del carrer on es trobava l'edifici okupat i emblema del col·lectiu.
    Quan ha arribat la policia el grup ja havia pogut marxat i s’havia dispersat sense problemes; no hi ha hagut identificacions ni detencions.
    Aquesta acció ha estat fruit d'una promesa segons la qual si l’Ungdomshuset era desallotjat i la gent presa no era posada en llibertat, hauria conseqüències.
    La lluita pels espais autònoms continua, aquí i a tot arreu, perquè la solidaritat no té fronteres.

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