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‘Voces de la valentía en Oaxaca. Violaciones a los derechos humanos de las mujeres en el conflicto social y político’

estelnegre | 09 Desembre, 2006 19:05

‘Voces de la valentía en Oaxaca. Violaciones a los derechos humanos de las mujeres en el conflicto social y político’

Voces de la valentía en Oaxaca

Aquí teniu el llibret Voces de la valentía en Oaxaca. Violaciones a los derechos humanos de las mujeres en el conflicto social y político, l'atabalador testimoni d'una sèrie de dones que han estat víctimes de la repressió policíaca al conflicte obert a Oaxaca (Mèxic).

Es prega doneu la màxima difusió a aquest document que es constitueix en testimoni d'un atac sistemàtic i conscient contra els drets humans ja no tan sols de les dones sinó de tots aquells que en el conflicte d'Oaxaca reclamen el seu dret a dissentir i a postular alternatives i opcions sociopolítiques diferents a les sustentades per les institucions governamentals.

Salut!

Pere Perelló

Voces de la valentía en Oaxaca

Ateneu Llibertari Estel Negre

Comentaris

  1. La normalidad oaxaqueña

    El 26 de noviembre pasado, un señor de nombre Ulises Ruiz, el mismo que se dice gobernador de Oaxaca mientras se mantiene en el poder sólo por la presencia de la Policía Federal Preventiva (PFP) y el apoyo del gobierno federal, se paseó por el andador turístico de la capital del estado, donde un día antes la PFP había reprimido brutalmente una manifestación popular que pedía su salida de ese puesto. Ahí, con ánimo triunfante, declaró que el estado estaba volviendo a la normalidad. La mayoría de los ciudadanos interpretó sus palabras como una más de sus bravuconadas y no le hicieron el menor caso, sin darse cuenta de que el señor no estaba informando de la situación política en que se encontraba Oaxaca, sino anunciando que la represión desatada desde el inicio de su gobierno seguiría como algo normal. Los hechos así lo confirman.

    Durante seis meses de lucha popular han muerto alrededor de 20 personas, decenas se encuentran desaparecidas, 300 han sido privadas de su libertad de manera ilegal y otro tanto se encuentra en peligro de perderla porque contra ellas se han librado órdenes de aprehensión con acusaciones delictivas armadas a modo. A todo lo anterior se debe agregar que días antes de las declaraciones de Ulises Ruiz, los mandos de la PFP habían reconocido que se encontraban en el estado en una misión de ocupación, y que la posible solución a la rebelión popular y pacífica ya no corría por cauces políticos, sino militares; que las policías estatal y municipales estaban fuera del control de los organismos encargados de controlarlos.

    Pero eso no es todo. Son muchas las voces que denuncian la existencia de grupos parapolicíacos vestidos de civil, que transportados en camionetas sin placas recorren la capital levantando cuanta persona les parece sospechosa; que la Procuraduría General de Justicia en el estado ha implementado "fiscalías especiales" que se presentan en cualquier lugar para detener "en flagrancia" a quienes consideran enemigos del gobernador. Y si alguien considera que lo anterior no muestra claramente la "normalidad oaxaqueña" agréguele que hay personas que hablan de fosas clandestinas, de una lista en manos de policías con fotografías de personas que tienen que detener sin importar donde se encuentren.

    No le falta razón al apoderado legal de la Iglesia católica en el estado al afirmar que en Oaxaca se suspendieron de facto las garantías individuales; ni el pintor Francisco Toledo miente cuando afirma que el estado se encuentra al borde de la guerra civil. Para someter al movimiento popular el gobierno federal estrechó sus alianzas políticas con lo más antidemocrático y corrupto del priísmo estatal y juntos han implementado una guerra sucia fuera de toda legalidad y respeto de los derechos humanos elementales, por más que disfracen sus acciones con el falso discursos de la defensa del estado de derecho. Todo para que el señor Ulises se siga ostentando gobernador, aunque sólo sea para proclamar que el estado ha vuelto a la normalidad. Aunque visto desde otro ángulo, puede que no sea sólo para eso, pues bien podría ser para que el recién estrenado gobierno federal muestre claramente su estilo de gobierno durante los próximos seis años.

    Pero no todo está acabado. A pesar de que el miedo desmovilizó por unos días a la sociedad oaxaqueña y las organizaciones políticas ven más por su seguridad que por la de los ciudadanos que creyeron en ellas, poco a poco comienzan a aparecer por muchas partes diversas voces que protestan por el estado de cosas, que para ellas no son normales. Los familiares y amigos de los detenidos, desaparecidos y asesinados son los más visibles, pero no los únicos.

    De gran importancia es el Foro de los Pueblos Indígenas de Oaxaca que sesionó en la capital del estado durante los últimos días de noviembre, en medio de un cerco policíaco. Los delegados de las comunidades y organizaciones indígenas que en él participaron acordaron regresar a sus comunidades, tomar un respiro, fortalecer sus autogobiernos, tejer lazos regionales y después volver a la lucha; sin olvidar que dentro de los compromisos inmediatos está la lucha por que cese la represión, se libere a los presos y aparezcan los desaparecidos.

    Desgraciadamente para el gobierno, su normalidad no es la de la mayoría de los oaxaqueños y éstos no están dispuestos a vivir permanentemente en la corrupción, la antidemocracia, la injusticia y la pobreza.

  2. México: mujeres, resistencia y movimientos populares

    Las mujeres saben que si son apresadas o desaparecidas serán violadas. Es la forma de humillar un pueblo típica de las policías del Tercer Mundo, una prueba más de que en México los mecanismos de la así llamada democracia moderna (aquellos que mide el Parlamento Europeo) no son comunes. En Atenco, en 2006, como hace veinte años en Guatemala, en Oaxaca, en 2006, como hace treinta años en Chile, al expresar una posición política contraria a la oficial, las mujeres desafían a los organismos de represión, a sabiendas que ponen en peligro su integridad física y mental de muchos modos, algunos idénticos al riesgo que sufren los hombres, y además el de su derecho a una corporalidad libre de coerción sexual.Cuando cuatro maestras de la región mixe de Oaxaca, Sandra Pérez Martínez, Rosalba Aguilar, Florinda Martínez y Yeni Araceli Pérez, han sido reportadas como desaparecidas después de la represión brutal sufrida por las y los integrantes de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca el 25 de noviembre, es urgente reflexionar sobre las actividades públicas -sociales y políticas- de las mujeres y por qué su autodeterminación, y la de otros sectores populares que se pretenden dominados, mueve al despliegue de la brutalidad represiva del Estado.

    Las mujeres con su presencia social enfrentan posiciones políticas que ocultan el vínculo entre el clasismo del neoliberalismo y el deseo de control de las jerarquías eclesiásticas, entre el racismo y el sexismo, entre la impunidad de los poderosos y la culpabilización de los sectores que se oponen a ser desaparecidos por la actual, renovada, ola de occidentalización forzada. Se suman a sus colegas, a sus paisanos, a la vez que se juntan entre sí, mujeres con mujeres, con sus cuerpos grandes o enclenques, muchas veces golpeados por padres y maridos. Forman contingentes que marchan mostrando lo que debería ser obvio para cualquiera que no cierre los ojos. Se sientan en plantones, ayunan, se sacan sangre para embadurnar con ella carteles de protesta contra asesinos de manos manchadas, esperan bordando frente a las barricadas, se esconden en casas de amigos para volver, como doña Trinidad Ramírez, siete meses después de la represión contra su pueblo, a reivindicar la política de los afectos y la seguridad de que resistiendo se puede lograr justicia.

    Doña Trinidad es esposa de un dirigente popular, Ignacio del Valle, integrante del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra. Es madre de dos prófugos y un preso. Pero es sobre todo una mujer que desafía una orden de aprehensión, volviendo “a una casa que es mía, aunque esté toda destruida. A un pueblo que es mi pueblo. ¡Y lo hago porque quiero ver a mis hijos: América y Alejandro, quiero ver fuera de la cárcel a mi hijo César, a mi esposo Ignacio, a mis compañeras y compañeros!”. Y vuelve a casa un 25 de noviembre, eso es en la conmemoración del día latinoamericano (ahora internacional) contra la violencia hacia las mujeres.¿Qué son los símbolos? Para un pueblo que resiste son cuerpo de madre, refugio, arma y desafío. Son el medio para refrendar la pertenencia a un proyecto común. Son la forma de reconocerse como humanos. En Atenco, la derrota no se concibe por un símbolo que doña Trini refiere: “En mi pueblo ha pasado algo maravilloso de lo que todos nos sentimos muy orgullosos.

    Nos dieron un golpe muy fuerte, nos llevaron al fondo, pero no nos tiraron.

    Pensar que el 5 de mayo, en medio de las cenizas y los vidrios rotos, hubo compañeras que se atrevieron a cargar el megáfono y a salir por todo el pueblo llamando a la gente a movilizarse para que no se rinda, para que siga luchando, es algo que te da escalofríos”.Los escalofríos del símbolo concreto y materializado: la madre tierra que se defiende mediante la voz de sus hijas. La tradición de resistencia social, de organización de madres de familia, de cooperativistas, de luchadoras por los servicios, que devela aun a los hombres su carácter político de encuentro y diálogo, de asamblea de pluralidades, de trabajo de base.Del otro lado el símbolo del oprobio: la policía, el enemigo ciego. Nada que ver con el amable agente que nos protege de maleantes; no, el concreto rostro del violador.

    M.R., estudiante de Ciencias Políticas de la UNAM, apresada en una casa cuya puerta fue derribada el 5 de mayo de 2006 por una docena de policías, relata cómo fue golpeada, empujada, insultada, manoseada durante cada uno de los actos de represión que se cometieron en Atenco; ycómo, para terminar de romper su autoafirmación política, fue violada masivamente por los policías cuando ya había ingresado a la cárcel. La violación como método de tortura, como método de control, como método de represión. Un pueblo es lo que las mujeres que lo conforman son. C.C., maestra de pre-primaria de los Valles Centrales de Oaxaca, integrante de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca, marchista a la Ciudad de México, cuenta cómo en su familia se escandalizaron por sus acciones en el movimiento magisterial. Un tío policía, que la quiere “como a una hija”, cuando lo llamaron a acuartelarse corrió a “ponerla sobre aviso” de lo que podría pasarle: sus hombres tenían la orden de golpear primero a los más débiles para que los más fuertes se vieran obligados a protegerlos. Por supuesto, para el policía los más débiles eran las mujeres.

    Primera represión en Oaxaca. Mes de agosto de 2006, las mujeres huyen en grupo del asalto policiaco, se esconden bajo las bancas de una escuela resguardada por diez hombres sin armas; luego se avergüenzan de que sus compañeros hayan sido golpeados. Pasan a la acción, se toman una televisión de estado, se vuelven voz de toda su gente. Para los hombres, hoy, ellas son su ejemplo. Para las Madres de Plaza de Mayo, en Argentina, las oaxaqueñasson el símbolo de la América irredenta, la América de sangre antigua, la América libertaria.Aun antes de la orden de masacrar al pueblo que resiste, dada por UlisesRuiz a la Policía Federal Preventiva el 25 y 26 de noviembre de 2006, los meses de resistencia activa de los pueblos oaxaqueños habían provocado la rabia de los sectores oficiales, que reaccionaron ocasionando la muerte, desaparición y encarcelamiento arbitrario de por lo menos unas 200 personas, cincuenta de ellas mujeres.

    Todos temen la desaparición, es sinónimo de tortura, de golpizas, de incertidumbre; es la vida en la muerte; es el instrumento para provocar un pánico que persiste entre los que “todavía” no han sido privados ilegalmente de su libertad, a la vez que es una forma más de desactivar un movimiento dispersándolo en la búsqueda de las y los desaparecidos. ¿Pueden todos saberque para una mujer la desaparición implica violencia sexual? “Los cuerpos de las mujeres rebeldes son campos de ensayo de torturas que sirven para dar miedo a las y los demás, como cuando a una maestra del sector 22 de Oaxaca, ya en la cárcel, se le arranca un pezón. Y eso después que se le habían roto los dedos de las manos como a todos los demás presos políticos trasladados de Oaxaca a Nayarit (2000 km de distancia)". La cultura moderna del colonialismo (que es necesariamente racista y sexista porque debe lograr que en su libre sistema económico el trabajo de las mujeres no se pague y el de los hombres de los países no centrales sea subvalorado) ha logrado imponer la idea que las mujeres no definen la totalidad, la universalidad.

    Hasta ahora todos, quiso decir los hombres. Hasta ahora no todos entendían la violación como represión política. Pero en Oaxaca la presencia de las mujeres ha hecho que los hombres se percataran que sin ellas no eran todos. En su presentación de la filosofía tojolabal, Carlos Lenkensdorf hace notar que para que una asamblea sea realmente deliberativa no sólo debe ser plural, sino debe contener la diversidad. Aun cuando haya muchos hombres(pluralidad), no pueden tomarse decisiones sin la presencia de una mujer (diversidad) . En Oaxaca, todos, eso es la asamblea del pueblo que resiste, sólo es cuando la presencia de las mujeres se evidencia.

    S.R., maestra de la Cañada y parte del pueblo de Oaxaca, como ella misma se definió en una charla que ofreció en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México en octubre de 2006, afirma que un movimiento que no reconoce líderes es un movimiento que no puede comprarse, que ahí donde las decisiones son colectivas las mujeres saben que son iguales a los hombres, porque sus saberes diferentes son tomados en consideración. La autonomía de las mujeres para ella es esencialmente política porque se expresa en su decisión de ser colectivo: “Eduqué a mis hijas, así como participé en el sindicato, sabiendo que es más trabajo y que así se ratifica que una es pueblo. Para mí ser mujer nunca ha sido un obstáculo, ha sido una forma de manifestarme. Por eso me llevo bien con las maestras más jóvenes, las que todavía no han vivido todo lo que yo, pero llevan la lucha en las calles de Oaxaca y en sus aulas”.

    Francesca Gargallo | 29/01/2007, 09:53
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