Administrar

«Eduardo Pons Prades, un soldado de la República», per Pepe Gutiérrez-Álvarez

estelnegre | 17 Juliol, 2007 09:27

«Eduardo Pons Prades, un soldado de la República», per Pepe Gutiérrez-Álvarez

Eduard Pons Prades

Nos dejó un viejo luchador. Un hombre discreto, sencillo, de esos que no dan un nunca su brazo a torcer. Y aún menos si ese brazo defiende valores esenciales, como hizo durante toda su vida Eduardo Pons Prades.

Servidor, siempre que oye hablar de conceptos como "me­moria histórica", el primer nombre que le viene a la cabeza es el de Eduardo Pons Prades, militante, periodista y escritor (Bar­celona, 1920), que nos dejó a finales del pasado mes de mayo. Eduardo fue un infatigable paladín de la recuperación de la "memoria popular" republicana, y con este título publicó una lista interminable de trabajos, muchos de ellos en las páginas 2-­3 del Diario de Barcelona, concretamente en su fase (relativa­mente) autogestionaria, desde el equipo de "Cultura" en el que formaban parte también la inolvidable Dolors Palau, el crítico de arte Iglesias Maquet, y yo mismo. Raro era el día en que Eduardo no traía algún "gran tema" debajo del brazo, historias sobre las que aportaba sus propios detalles, y que abarcaba to­dos los colores del republicanismo y del antifranquismo.

Criado en el distrito V de Barcelona, de familia de tradición libertaria, Eduardo fue un muchacho de la República. Educado en las "escuelas modernas", se hizo hombre tomando las armas contra el fascismo y viviendo intensamente la obra constructi­va de la revolución española de la que hablaba siempre con entusiasmo. Estrechamente vinculado con el movimiento liber­tario durante muchos años, muy influenciado por la tradición pestañista, ligó una cosa y otra con una perspectiva de defensa integral de la República que veía como algo que estaba más allá de las diversas opciones políticas. Militó en el anarcosindicalis­mo desde muy joven. Su currículum militante es impresio­nante: fue estafeta de los obreros del Sindicato de la Madera en las barricadas del Poble Sec durante el19 de julio de 1936; visi­tante del frente de Madrid en noviembre; combate durante los Hechos de Mayo del 37; soldado en Guadarrama con la 105 Brigada Mixta. Sus vibrantes memorias de esta época las tituló modestamente Un soldado de la República (G. del Toro Ed., Madrid, 1974) y en Los que sí hicimos la guerra (Martínez Roca, BCN,1973).

La guerra no acabó para él con el exilio; al llegar a Francia se enrola en el Ejército francés y participa en la campaña de 1939­40. Durante el invierno de 1940-41 colabora con Solidaridad Española y más tarde (1942) ingresa en los Grupos de Acción de la Resistencia española del Aude (Francia). En los combates por la Liberación (agosto de 1944), después de haber intervenido como coordinador regional de los "partisanos", manda un des­tacamento franco-español de guerrillas. Militante del Partido Sindicalista integrado en la CNT, nada más acaba la II Guerra Mundial Eduardo realiza su primer viaje clandestino a España. También participa en reuniones y mítines en Francia, en repre­sentación de la Junta Española de Liberación. Hace un segundo viaje clandestino (1945-46), ya su regreso a Francia es detenido en los Pirineos.

Se evade en Barcelona y vive clandestinamente. Se exilia de nuevo en 1948 para regresar legalmente a España en 1962, y desde entonces se mueve por todos los resquicios legales posi­bles y trata de contribuir a un amplio acuerdo en el que trató de implicar a intelectuales disidentes del régimen como Dionisia Ridruejo, Pedro Laín Entralgo o Antonio Tovar. Colaboró con Camilo José Cela en la fundación de la editorial Alfaguara. Como historiador testimonialista, su obra se apoya totalmente en el recuerdo de la guerra y de la resistencia y mantiene una rotunda carga testimonial antifranquista. Escribe dos obras pioneras y fundamentales sobre la memoria del exilio: Repu­blicanos españoles en la II Guerra Mundial, Guerrillas españolas, 1939-1960 (Planeta, BCN). Ambas son producto de una investi­gación concienzuda sobre el terreno, conversando con toda clase de testigos, con los que recuperará para la historia (perdi­da bajo la dictadura franquista) dos capítulos impresionantes. Eduardo privilegia siempre las voces de los protagonistas, o de las personas más allegadas, aunque algunos de sus puntos de vista --como cuando abunda sobre las posibilidades de éxito de las guerrillas-- han sido muy controvertidos y denotan su opti­mismo incandescente. También lo caracterizó una natural afa­bilidad y sencillez, una manera de ser que le permitía tener "buen rollo" con casi todo el mundo.

Como periodista --y cultivando el mismo material-- escribe en diversas revistas de historia, como Historia 16, donde publicará sus Memorias del exilio. En uno de sus pasajes más estreme­cedores cuenta la historia de Pepa Natalia Rodríguez Ortega, que aparentó "colaboracionismo" en un campo de concentra­ción alemán para ayudar a sus compañeros y fue, después de muerta, escupida por los suyos. Eduardo trabajará en su onda en diversas revistas y diarios, como TeleExpress y el ya citado Diario de Barcelona. Su peculiar figura de obrero antiguo, de maneras sencillas, pelo rizado, nariz afilada, una manera de an­dar ranqueante, se hizo familiar en toda clase de controversias sobre la guerra civil, el franquismo, el maquis o el anarcosindicalismo, temas sobre los que tenía sus propios criterios, siem­pre basado en un cúmulo inagotable de experiencias propias. Eduardo fue también asesor de la evocación del "maquis" en Silencio roto (España, 2000), de Montxo Arméndariz. Solidario con la revolución nicaragüense, interviene en diversas campa­ñas.

Otras obras suyas son: La venganza (novela corta), ¡Destruid la columna alemana! (Hacer, BCN, 1981, sin olvidar otras a las que dedicó muchos años de trabajo como Los niños de la gue­rra, que ha tenido diversas ediciones, la última de difusión en los kioscos, esto sin olvidar su contribución en la tarea de de­senmascarar las patrañas de Pío Moa y de otros mercenarios de la escuela de la COPE. A pesar de las dificultades y achaques de los últimos años, Eduardo siguió siendo un personaje habitual en los debates organizados en l'Espai Obert, y sobre todo en el Ateneo de Barcelona, donde era conocido por todos. Hombre abierto donde los hubiera, prestó su presencia y su afilada me­moria para hablar de Joaquín Maurín, Víctor Alba o del POUM en diferentes actividades organizadas por la Fundació Andreu Nin. Su vida y su obra es indisociable de la de su compañera, la escritora granadina Antonina Rodrigo (Granada, 1940), autora igualmente de algunas obras capitales en la recuperación abier­ta y plural de la memoria popular, sobre todo en su vertiente feminista y libertaria como Mujeres de España. Las silenciadas (Plaza&Janés, 1975, BCN), Nuestras mujeres en la guerra (1976), Mujer y exilio, 1939 (Compañía Literaria, Madrid, 1999), Y como biógrafa y editora de Amparo Poch i Gascón

Con Eduardo desaparece uno de los más grandes trabajado­res de la "memoria popular" anarquista y republicana, uno de sus historiadores más importantes, de los que más contribuye­ron a la creación de unas fuentes que luego serían tránsito obli­gado para todos los especialistas que le siguieron. Su perfil de radicalismo antifranquista y anticapitalista fue siempre integra­dor, raramente se escuchó de sus labios ningún reproche sobre conflictos militantes por más que tuviera sus propias heridas. Se puede afirmar que vivió intensamente, y que cumplió sus propósitos de dar testimonio del pueblo al que nunca dejó de pertenecer.

Pepe Gutiérrez-Álvarez

(El Viejo Topo, 234-235 / juliol-agost 2007)

Escriu-nos

«Tornant sobre les petjades de la Savina», per A. Agüera

estelnegre | 16 Juliol, 2007 15:36

«Tornant sobre les petjades de la Savina», per A. Agüera

El vessant més cruel de la postguerra a les Illes: el camp de concentració de Formentera

Presos a la Savina

Tot just a pocs quilòmetres de Sant Francesc Xavier, a Formentera, es troba la Savina. Es tracta d’un paratge erm, a prop del Parc Natural de Ses Salines. El silenci que omple l’indret reflecteix d’alguna manera les atrocitats comeses al lloc fa més de seixanta anys. Fins a cinquanta-vuit presos van desaparèixer, literalment, per la fam i les condicions en què els seus captors els mantenien. Cinquanta-vuit noms inscrits al registre civil de Formentera, amb eufemismes en lloc de les causes reals de la mort, com «col·lapse cardíac». Tota una vida, que malgrat tot, no ha permès cicatritzar la ferida oberta dels qui sobrevisqueren a una vivència d’aquest caràcter.

La situació que es va viure en aquest camp s’explica en el documental Aigua Clara, que es va presentar a Palma la setmama passada. A principis de 1940 les forces nacionals havien reduït l’Exèrcit republicà, abocant centenars de milers de persones a l’exili forçat. Un cop estès el seu domini calia reafirmar-lo esclafant l’enemic, fins i tot un cop acabada la guerra del 36 al 39. Amb aquest objectiu, les forces franquistes establiren una xarxa de presons i campaments on els que havien servit amb major o menor mesura els fins republicans foren tancats. En alguns casos els dedicaren a construir pantans i preses, construccions de les quals el règim es va felicitar. D’altres simplement eren confinats a camps en els quals no hi havia res a fer. Sols esperar la mort. Aquest és el cas del campament aixecat a Formentera, a principis de l’any 1940. Es tractà d’un complex militar senzill, aïllat per un mur aixecat pels primers presoners que acollí, algunes restes del qual encara segueixen en peu. A l’interior s’edificaren fins a vint barracons, alguns dels quals tenien trespol de ciment i d’altres de terra. En ells hi malvivien uns 800 presoners polítics, tot i que en els temps més penosos del camp les autoritats n’arribaren a ajuntar prop de 1.500. Alguns d’ells eren balears, com en Joan Colomar, qui més de 60 anys després d’aquella experiència, torna a trepitjar el terreny de sa Colònia pel rodatge del documental Aigua clara, que intenta donar a conèixer els fets que s’hi produïren al principi de la postguerra. Altres, la majoria, provenien de la península, sobretot d’Extremadura i Múrcia. Entre ells es trobava el pare de Cándido Méndez, actual líder sindical.

Les dures condicions de vida feren del campament de Formentera el centre de reclusió franquista més brutal dels que s’establiren al nostre país. L’activitat de la colònia penitenciària va acabar-se el 42, després de dos anys de sinistra activitat. S’especula amb la possibilitat que algunes senyores de l’alta societat eivissenca pressionassin les autoritats davant la penosa situació dels reclusos, que foren traslladats a altres indrets. També és possible que Franco volgués suavitzar la seva imatge de cara a l’exterior, considerant que els aliats feien ja les seves incursions a la Mediterrània, en el marc de la Segona Guerra Mundial. El camp, però, va possibilitar la reorganització de la resistència política contra Franco a les Illes Balears.

A. Agüera (Palma)

(Diari de Balears, 16-07-07)

Escriu-nos

Discurs model d'un partit polític qualsevol...

estelnegre | 15 Juliol, 2007 06:41

Llegiu primer de dalt a baix i després de baix a dalt

Un polític qualsevol...

En el nostre partit polític complim amb allò que prometem

Només els necis poden creure que

no lluitarem contra la corrupció.

Perquè si hi ha una cosa segura per a nosaltres és que

la honestedat i la transparència són fonamentals

per assolir els nostres ideals.

Demostrarem que és una gran estupidesa creure que

les màfies seguiran formant part del govern com en altres temps.

Assegurem sense cap mena de dubte que

la justícia social serà el fi principal de la nostra manera d'actuar.

Malgrat tot, encara hi ha idiotes que fantasiegen --o enyoren-- que

es pugui seguir governant amb les manyes de la vella política.

Quan assumirem el poder, farem el possible perquè

s'acabin els privilegis i les canongies.

No permetrem de cap manera que

la nostra terra sigui encimentada.

Complirem els nostres propòsits encara que

els recursos econòmics s'hagin esgotat.

Exercirem el poder fins que

Comprenguin des d'ara que

Som la «nova política».

Escriu-nos

«Als combatents per sa Dragonera», per Antoni Alorda

estelnegre | 14 Juliol, 2007 05:11

«Als combatents per sa Dragonera», per Antoni Alorda

Salvem sa Dragonera!

Fa trenta anys un esca­mot de jovençans va­lents ocuparen sa Dragonera. Es un dels episodis més espectaculars en la intensa història de l'ecologisme mallorquí. Tanmateix, la batalla per salvar l'Illa no es va resol­dre en aquest mític, i dejectat, assalt, sinó que va durar fins ben entrats els anys 80.

Les institucions del país (governs d'UCD i AP) donaven suport a la urbanització. L'ajuntament d'Andratx, l'Andratx dels nostres pecats, n'estava encantat. No va ser fins que va estar protegida que el Consell l'adquirí, ara farà vint anys.

Seria interessant una enquesta per veure quanta gent se'n penet avui que no s'urbà­nitzés sa Dragonera i quants se n'alegren. Pens que tots pronosticam un resultat acla­parador dels proteccionistes. l, tanmateix, no va ser fàcil: als qui es mobilitzaren els hi digueren de tot: que anaven contra el progrés i la modernitat; utòpics a la recerca d'una Arcàdia irreal, i, per tant, funesta. Que ens emmenaven a una comunitat de troglodites i pagesos (termes usats com a sinònims). Que posaven en perill el turis­me, del que menjàvem tots. Que l'econo­mia i el treball exigien les urbanitzacions i, qüestionar el model, ens abocava a la fam de la postguerra. D'altres, en principi més favorables: que arribàvem tard, que ja no hi havia res a fer, que si la seguretat jurídica, que si l'omnipotència dels interessos, que si les indemnitzacions serien inassumibles. Però ni les amenaces els acovardiren, ni els gemecs dels pusil·lànimes n'aigualiren la fermesa, i sa Dragonera és avui Parc Na­tural.

El debat territorial d'avui són variacions sobre el mateix tema. Només que fa tant de temps que dura (a Mallorca i arreu del món), que qualsevol ciutadà sap esgrimir els arguments amb competència. Amb o sense convicció, perquè no oblidam que el desenvolupisme ha aconseguit bons resul­tats electorals.

Potser és hora de fer un reconeixement oficial al cos de dragons que va plantar ca­ra per tots. Algun gest de gratitud als ciuta­dans que ens salvaren sa Dragonera (i Ta­gomago i es Trenc i Mondragó... ), sense treure'n cap profit, ni tan sols l'afany de glòria. Per pur compromís. Per la terra i per la llibertat, deia un eslògan. No és que ells demanin flors, no n'han de menester, és a nosaltres que ens convé proclamar ben alt que ens en sentim orgullosos. Pel futur.

Antoni Alorda, diputat del PSM

(Última Hora, 13-07-07)

Escriu-nos

Excursió reivindicativa a cala Carbó (Pollença)

estelnegre | 13 Juliol, 2007 09:03

Excursió reivindicativa a cala Carbó (Pollença)

I uns collons!

Excursió reivindicativa del Moll a cala Carbó pel moll de Síller

Dissabte 14 de juliol

Trobada a les 17 hores a la rotonda de Gotmar (davant Habitat), carretera Pollença - Port de Pollença a l'entrada del Port.

Es recomana dur pa, taleca i banyador.

Vine a reivindicar un itinerari clar i obert i per la protecció de cala Carbó.

Ho organitza: Plataforma Pro Camins Públics i Oberts

***

El camí del Coll de Síller comença al Port de Pollença a la zona de Síller, just desprès de les cases de Síller agafarem un camí de terra que fou un pas pels pescadors que s'enfila fins arribar a la part alta del coll, poc més endavant trobem una esplanada on comença un camí d'asfalt que fou fet per tal d'adequar la possible construcció d'una urbanització als costers de cala Carbó i d'aquesta a Cala Molins.

Aquest camí surt al catàleg provisional de camins de Pollença amb el número 135, però trobem que és un camí amb poca documentació dins el catàleg i a més val a dir que consultant el PGOU del 1990 observem que no s'ha grafiat, i per això alguns dels entrebancs que trobem a l'hora de defensar aquest camí.

Per tot això es va fer una declaració jurada del camí per part d'alguns pescadors, feta el passat 21 d'abril de 2006, que certificaven que ja al any 33 s'empreava aquest camí com a pas de pescadors, aquestes persones són: Ignasi Borras Llompart, Melcior Bosch Rotger, Melcior Bosch Vicens, Juan Alberti Enseñat, Mateio Alberti Enseñat, Guillem Payeras Serra, Felipe Bellini Ballesteros i Antoni Bosch Cerdà. Per altra banda a l'obra Die Balearen de l'Arxiduc Lluís Salvador que reflecteix la realitat cultural del segle XIX es troba alguna referència a aquest camí, com a exemple parlant de la connexió entre el moll de Pollença i cala Sant Vicenç ens diu "... més curt és el camí que va pel Coll de Síller, on en mitja hora s'arriba al Port de Pollença...).

Plataforma Pro Camins Públics i Oberts

Escriu-nos

«Paraules que germinen», per Francesc Bombí-Vilaseca [sobre el llibre de Koldo Izaguirre «Jo també haguera volgut cridar Germinal!»]

estelnegre | 12 Juliol, 2007 08:05

«Paraules que germinen», per Francesc Bombí-Vilaseca [sobre el llibre de Koldo Izaguirre «Jo també haguera volgut cridar Germinal!»]

L'escriptor basc Koldo Izagirre narra a Jo també haguera volgut cridar Germinal! (Virus) l'epopeia de Michele Angiolillo, executat amb garrot el 1897 per haver mort Cánovas del Castillo

Koldo Izagirre narra la mort de l’anarquista italià Michele Angiolillo

Koldo Izagirre

Jo també haguera volgut cridar Germinal!

Traducció de Luis Carmona Ortiz

Virus Editorial. Barcelona, 2007

Qui recorda Angiolillo, avui? Qui va ser? Passats cent deu anys de la seva mort, el seu nom amb prou feines és conegut. Aquest desconeixement és un dels motius pels quals l'escriptor basc Koldo Izagirre (Altza, 1953) li va dedicar l'any 1998 una novel·la, Jo també haguera volgut cridar Germinal!

"Popularment, a la zona de Bergara, és un mite --explica l'autor--, però hi ha un gran buit tant a la historiografia anarquista com a la basca: Angiolillo no hi apareix mai, amb prou feines com a protagonista de la secció de successos!".

Militant anarquista italià, Michele Angiolillo va matar a Guipúscoa el llavors president del govern espanyol, Antonio Cánovas del Castillo, motiu pel qual fou executat amb garrot el 1897 a Bergara. Es creu que la seva acció va ser planificada com a resposta per la repressió de Cánovas contra anarquistes, socialistes i republicans --amb diversos morts per tortures, vuit condemnats a mort, nou a llargues penes de presó i setanta-un deportats malgrat ser absolts-- després de l'explosió d'una bomba durant la processó de Corpus del 1896 a Barcelona.

En tot cas, la seva va ser la darrera execució pública a Guipúscoa, amb una multitud de testimonis, molts vinguts expressament de Sant Sebastià i molts pares amb els seus fills -se solia portar els nens a les execucions i bufetejar-los allà per tal que recordessin com podien acabar si no es portaven bé--. Malgrat la seva militància anarquista, Izagirre assenyala que la propaganda oficial el va convertir en un assassí comú, despolititzat, i les autoritats van prohibir la publicació de cap crònica de l'execució. "Els mateixos nacionalistes bascos de l'època van condemnar l'acció --il·lustra l'escriptor--, però després se'n van alegrar; desplegaven el mapa i deien: «Al cor d'Euskal Herria van ajusticiar l'home que va abolir els furs [Cánovas]». Angiolillo no sabia ben bé que era al País Basc ni què eren els furs, tenia uns altres objectius".

Però l'anarquista va trencar el guió: a les execucions el reu solia confessar el seu error i demanar perdó, però ell ja d'entrada va rebutjar els frares i no es va penedir de res, amb dignitat. Fou una commoció. Segons la transmissió oral, just abans de morir, Angiolillo va cridar una sola darrera paraula: "Germinal!". "Segur que ningú va entendre llavors què volia dir ni a què remetia, de fet no sé ni si la novel·la de Zola estava llavors traduïda a l'espanyol, que ho dubto. Només es va comprendre a posteriori. Angiolillo no va fer una reivindicació evident; avui sabem que vol dir el mes en què la idea florirà i farà realitat la felicitat dels pobles oprimits. Va estar molt digne, com en general tots els anarquistes, perquè assumien els seus actes, no fugien sinó que s'entregaven, tenien consciència de màrtirs", puntualitza Izagirre.

La novel·la està narrada per un militant nacionalista basc que als anys 70 és jutjat i condemnat --i després indultat- al procés de Burgos, i que troba en l'italià un far. El lector passa d'una època a l'altra. "Si només hi sortia Angiolillo tenia el risc de fer un fresc històric, però no m'interessava fer una novel·la històrica. Agafo un tema històric i en faig una novel·la: és una aposta literàriament més interessant. Necessitava una distància crítica i me la donava un militant actual, amb els seus dubtes i la seva autoanàlisi, buscant referents. Els militants del procés de Burgos estaven preparats per a la mort heroica, per a l'afusellament, però no estaven preparats per al garrot, i allò els va commoure", explica. "El procés de Burgos -reconeix- potser queda una mica lluny, però encara és un referent, especialment al País Basc. M'ha interessat fer una reflexió crítica sobre el meu país a través d'uns personatges polítics".

Izagirre, promotor incansable de la cultura basca --a la revista Ustela va establir amb Bernardo Atxaga les bases de la literatura basca contemporània--, no hauria pensat mai que "aquesta novel·la es publiqués en cap altre idioma que el basc", simplement un dia li va trucar Luis Carmona i li va dir que l'havia traduït al català, el català de l'Horta de València. "Així sentia jo en el meu cap parlar els personatges", explica el traductor al pròleg.

Es pot considerar una novel·la militant? "No ho sé, no faig militància amb la literatura, tinc milers de plataformes per fer política al meu país". En tot cas, es pregunta: "A qui afavoreix la lluita armada, qui se n'aprofita? És la pregunta que ens hem de fer avui, com a mínim al País Basc. La condemna moral no serveix per a res. Hi ha un augment de la consciència política i ètica del país a través de la lluita armada? No. Avui la lluita armada en comptes d'accelerar processos els frena. Hi ha una decepció general, però també hi ha ànims per intentar-ho fins al final, tot i que la gent està trista". Però a la novel·la els militants bascos queden a l'ombra del retrat de l'anarquista. "S'acostuma a interpretar els anarquistes com persones amb una politització primària, però tenien uns teòrics d'altíssim nivell. La literatura anarquista és molt més divertida i bonica que la comunista: higienistes, vegetarians, l'amor lliure..., i escrivien molt bé. Suposo que són incòmodes, però tractaven temes molt moderns".

Francesc Bombí-Vilaseca

(Avui / Cultural, 12-07-07)

Aquest article en pdf

Escriu-nos

«La gran mentida política», per Antoni Cánaves Martín

estelnegre | 11 Juliol, 2007 15:04

«La gran mentida política», per Antoni Cánaves Martín

La gran mentida política

Durant les eleccions, tots els partits, d'esquerra i de dretes, s'obliden fer palès que això que vivim no és una democràcia real, sinó un muntatge esquizofrènic per continuar mantenint la societat dividida en rics i pobres.

No comptaven els pares de la revolució industrial que gràcies als avanços de la ciència en els sistemes de producció, a poc a poc la humanitat aniria alliberant-se del treball i de la misèria. La revolució industrial va ser revolució perquè va suposar, gràcies a la tècnica i a la mecànica, l'elaboració de productes a gran escala. Les cadenes de muntatge aconseguiren realitzar en un dia allò que abans necessitava per fer-se mesos o anys, i això, dia rere dia, s'ha anat perfeccionant amb la planificació dels sistemes de producció. No obstant això, hi ha un desequilibri abismal entre producció i qualitat de vida, entre la capacitat d'elaborar productes i la redistribució de la riquesa que aquests productes genera. Així, per molt que es treballi i s'augmenti la producció, no hi ha correlació en la millora de la qualitat de vida, la reducció de la jornada laboral, la pressió en la feina, etc.

Durant els últims 30 anys es va aconseguir la jornada laboral de vuit hores: passats setanta anys seguim amb la mateixa cosa, encara t'acomiaden de les empreses privades si et negues a fer hores extres. I amb tanta tecnificació, i eficiència en la producció, en comptes de viure més tranquil, sense presses, sense urgències, contínuament t'estan exigint competitivitat, competitivitat i més competitivitat, dedicació plena, incentius a la productivitat, terminis d'acabament d'obra i resultats. I en comptes de repartir els guanys a parts iguals entre tots els qui han participat en la producció ens trobem que els fins en el món empresarial i financer no són aconseguir beneficis, sinó aconseguir més beneficis que la resta d'empreses per enriquir els seus accionistes, encara que sigui a costa de la vida i de la qualitat de vida dels obrers. Així moltes grans empreses tenen major capital que molts Estats; col·loquen i destitueixen caps d'Estat; acomiaden milers de treballadors per obtenir més guanys; arruïnen països, economies locals i regionals per la deslocalització d'empreses... Fa 10 anys les 350 persones més riques del món tenien més diners que el 40% de la població mundial, avui el número de rics va en augment i la misèria assola més de mig món.

Vostès diran: «Sí, però al nostre país els obrers viuen millor que fa 70 anys...» I és cert, però no gràcies a la bona voluntat de les empreses, sinó a la necessitat de vendre els seus productes i de tenir compradors, i així han donat als obrers cert nivell d'endeutament perquè puguin comprar i demanar crèdits per limitar la seva llibertat en temps lliure i puguin especular més amb la seva capacitat productiva. Pel que fa a la qualitat de vida, si abans morien de tuberculosi o bronquitis, ara, gràcies al nostre ritme de vida, morim a milions d'infarts i de vessaments cerebrals, i de càncers per calmar la nostra ansietat i l'estrès amb el tabac i els tranquil·litzants, o en accident de trànsit per arribar com més aviat a qualque banda. Els obrers ens veiem obligats a participar d'aquest únic i esquizofrènic model polític, empresarial i financer que domina el món.

I en pocs casos, fruit de la seva innocència, en molts, amb plena consciència d'això, els polítics de tota casta i estofa, ens demanen que els votem per mantenir tot això... Ens demanen que els votem perquè la societat continuï dividida en rics i pobres, i ens prometen per això que ens apujaran dos eurets la pensió o el salari, que faran una autopista per allà o un hospital per ací, uns cossiols com a zona verda... Però facin el que facin, com més costós sigui el projecte, més guanys per a l'empresari, perquè pugui desfogar la seva psicopatia d'acumulació de diners, que la dissimula, enarborant l'estendard de la democràcia, la creació de llocs de feina, la lliure empresa, el crèdit... o tots aquests subterfugis per justificar que unes persones es puguin enriquir a costa del treball d'altres i dividir la societat en rics i pobres.

Antoni Cánaves Martín

Escriu-nos

«Els vells anarquistes no es moren mai», per Pelai Pagès i Blanch

estelnegre | 10 Juliol, 2007 14:44

«Els vells anarquistes no es moren mai», per Pelai Pagès i Blanch

ontjuïc en un homenatge a Durruti organitzat per l'Ateneu Enciclopèdic Popular. La tercera per la dreta (de blanc) és Colette Durruti (20-11-04)

«Salut, company». Aquesta era la salutació habitual de l’Eduard, a qualsevol hora del dia o de la nit. Com si el temps no hagués passat i les expectatives revolucionàries fossin encara a la cantonada. L’Eduard (Barcelona, 27 de desembre de 1920 - 28 de maig de 2007) era el prototip de vell militant llibertari, per al qual les llibertats, individuals i col·lectives, continuaven essent l’objectiu prioritari. Nascut al si d’una família anarquista, fou educat en una escola racionalista i a l’Escola del Treball de Barcelona, i durant la Guerra civil va passar a treballar a la secció d’estadística del sindicat de la fusta. Militant de la CNT i del Partit Sindicalista d’Àngel Pestaña, va falsificar l’any de naixement per poder anar, voluntari, al front i, entre més batalles, va ésser al Jarama i a l’Ebre. Va fer la retirada el 1939 i, durant la Guerra Mundial, va participar a la resistència contra els alemanys i va fer diversos viatges clandestins a Espanya, en un dels quals, l’any 1946, fou detingut. Va poder escapar-se i va residir a l’exili fins el 1964.

Sense abandonar mai la seva ideologia, i intervenint en empreses culturals emblemàtiques --com la fundació de l’editorial Alfaguara--, va començar ben aviat la tasca d’això que avui anomenaríem recuperació de la memòria història. L’any 1977 publicà la seva primera aportació sobre els guerrillers que van combatre el franquisme a la postguerra immediata. Després van venir més aportacions sobre els nens de la guerra, sobre els republicans espanyols que van combatre a la Segona Guerra Mundial o els que van anar a parar als camps d’extermini nazis. Sempre tenia cura d’aportar el testimoni de primera mà, viu i calent, que anava a buscar allà on fos. Als anys 80 va tenir un paper essencial en l’experiència autogestionària del Diari de Barcelona, del qual va ésser-ne director.

Llibertari poc ortodox, republicà convençut però no nostàlgic, parlava bé de l’autogestió que havia intentat Tito a Iugoslàvia, una experiència que havia conegut de prop. Tenia amics en tot el ventall polític de l’esquerra catalana i el seu comiat, laic, auster, emotiu, on no van faltar cançons republicanes i revolucionàries, va ser tot un cant a l’alegria d’haver viscut i a l’enyorança pel fet que l’Eduard ja no ens farà fruir --com havia fet tantes vegades a les tertúlies de l’Ateneu-- amb la seva paraula, sempre amable, enèrgica i convincent.

Pelai Pagès i Blanch

(El Temps, 1.203 / 03-07-07)

Escriu-nos

Antics llibertaris de «Talaiot corcat» tornen a l’illa per commemorar el 30è aniversari de la invasió

estelnegre | 09 Juliol, 2007 09:43

Antics llibertaris de «Talaiot corcat» tornen a l’illa per commemorar el 30è aniversari de la invasió

«Ara reim, llavors no en teníem cap, de rialla»

Trenta anys després...

Un petit grup de nou llibertaris tornà ahir a sa Dragonera per commemorar l’ocupació de l’illa ara fa just trenta anys.

Aquella feta obrí l’escletxa que féu mobilitzar la ciutadania illenca per demanar que el projecte d’urbanització a càrrec de la constructora Pamesa es paralitzàs. «Aquell set de juliol de 1977, érem més de trenta els joves que desembarcàrem a sa Dragonera», explica Catalina, una de les ocupants que ahir tornà a l’illa.

L’ocupació de sa Dragonera durà devuit dies, en els quals, el contingent dels ocupants anà canviant. «Quan vèiem la premsa, ens amagàvem. No volíem sortir pels diaris. Jo,només tenia 17 anys, i a casa meva no sabien que era aquí», explica una altra ocupant que ahir també volgué commemorar la data.

«Ara reim, però llavors, no en teníem cap, de rialla. Teníem por. Ens pensàvem que la Guàrdia Civil ens vendria a cercar d’un moment a l’altre!», explica aquesta mateixa dona.

L’acte d’ahir va estar organitzat pel GOB. De fet, l’activitat d’aquesta entitat tan emblemàtica es deu, en part, a aquell fenomen. «El GOB, fins aleshores, tenia una activitat filantròpica i d’estudi de la naturalesa --explica Aina Lleuger, membre de l’associació--, a partir d’aquell moment, però, es posicionà i la seva activitat canvià. Adoptà un paper de mobilització ciutadana en favor de les causes que amenaçaven el medi ambient». «Aquell projecte era una cosa molt grossa! Havien projectat construir quinze «aldeas turísticas», un port esportiu per a 600 amarraments i un heliport. La mobilització ciutadana hi jugà un paper molt important», diu Lleuger. «Hi ha qui sosté que tot allò va ser una trama de Pamesa per pressionar les institucions perquè els comprassin l’illot. Jo, però, no ho crec!», diu Martí Mayol, l’actual director del parc natural. En aquell temps, aquest tipus d’urbanitzacions no eren res de l’altre món. Hi havia exemples semblants a altres illes del sud de França. Si no s’hagués ocupat l’illa no sé què hauria passat!», comenta Mayol. «Però mira que voler construir cases en un terreny tan aturonat!», comenta un del grup.

«És igual, els rics se’n foten! Com més a l’aire estan, més vista tenen i hi veuen més enfora. Basta veure el port d’Andratx!», li respon un altre.

I a la sala s’exposicions del centre d’interpretació, aquells nou acupants s’entretingueren a mirar la maqueta de l’illa: «Jas! En aquest pinar hi vàrem jeure un parell de dies», diu un. «Animals! en aqueixa caleta, hi vàrem fer aquell arròs de peix, que l’hi fotérem amb les escates, i tot!», diu un altre. «El primer vespre, jo, tenia una porada! Només sentia les sargantanes que ens enrevoltaven i les gavines que cridaven, diu una de les ocupants. Si fos ara no sé si hi jauria!».

«Curiosament, aquesta maqueta, ens la va dar la mateixa Pamesa, perquè quan es va anul·lar el pla d’urbanització, ja no va saber què fer-ne, i ens va telefonar que anéssim a cercar-la».

A. Mateu

(Diari de Balears, 08-07-07)

Escriu-nos

« La “ocupación” que cambió Balears», per C. Canals

estelnegre | 09 Juliol, 2007 09:35

« La “ocupación” que cambió Balears», per C. Canals

La «okupación» que cambió Balears

El desembarco de un grupo de jóvenes en sa Dragonera en 1977 supuso el inicio de la lucha por el medio ambiente

Cap a sa Dragonera...

Algunos de ellos habían leído a Proudhon, a Kant, a Kropotkin y a Russell, entre otros autores. Algunos, tal vez los más, se dejaban llevar por una vaga sensación de justicia y peligro. Otros eran sencillamente amantes de la naturaleza. Un número indeterminado de estas personas, entre 20 y 30, alquilaron hace treinta años una golondrina en Sant Elm y fueron con ella hasta sa Dragonera, donde algunos acamparon.

Con este gesto inofensivo no sólo empezaba un movimiento de defensa decisivo para el futuro de aquella isla, que culminaría casi quince años más tarde, en 1995, con la protección integral del territorio; también nacía el ecologismo en Balears, y lo hacía fuera de entidad alguna.

Miquel Rayó recuerda desde el GOB que esta entidad sufrió al verse en la tesitura de dar su apoyo o no a la acción, algo que hizo al final gracias al apoyo de Jesús Jurado, Gabriel Pomar o Francesc Moll. Y llegaría a causar una crisis de su gobierno, donde Moll sustituiría poco después a Josep Maria Casasayas, quien se había reunido varias veces con los participantes en la acción y "sabía lo que iba a venir", según uno de los participantes de las reuniones.

Que una acción externa supusiera una crisis en el seno de una organización ornitológica revela el impacto que ocasionó en toda la sociedad balear. De hecho, la citada entidad y sus abogados acabarían "haciendo un trabajo magnífico hasta conseguir el estatuto que merece la isla: parque natural", afirma Basilio Baltasar, una de las personas que ocuparon sa Dragonera en el 7 de julio de 1977, y considerado el inspirador de aquella acción.

Pero el cambio iba a ir mucho más allá del GOB, como demuestra el hecho de que hoy ningún partido político deje de añadir el adjetivo "sostenible" a cualquier sustantivo que denote crecimiento. Josep Lluís Mádico, integrante entonces del grupo que se conocería como Talaiot Corcat, define la acción como "pedrada en un estanque: tenía que notarse por fuerza, pero además cayó en el lugar preciso para que se oyera y se vieran mejor las ondas".

Y así fue. Tras la publicación de la acción radical, se comprobó que la sociedad estaba, a pocos días de unas elecciones democráticas, deseosa de hacerse oír. Dos días después de la ocupación, trescientas personas se desplazaban hasta Sant Elm para sumarse a los «ecologistas». Y entre ellos gente como Baltasar Porcel o Leopoldo María Panero, capaces de llamar la atención de la prensa. Además, un artista joven como Miquel Barceló atrajo a otros como Menéndez-Rojas, Pere Joan...

Pero ¿quiénes eran aquellos jóvenes que acampaban en la isla? Dado lo heterogéneo del grupo, no sorprenderá lo divergente de las versiones. Mádico, que ostentaba el increíble título de presidente de Talaiot Corcat --era el único mayor de edad cuando se fundó--, da la versión más conocida. En 1976, en la esquina de las calles Antillón y Pere de Alcàntara Penya, un grupo de jóvenes pone en marcha el bar Talaiot Corcat, usando "lo que quedaba de una caja de resistencia de la CNT y una letra-pelota" que iría y volvería una y otra vez.

Según Mádico, aquel centro que funcionaba como ateneo libertario acogería a diferentes grupos de personas: montañeros como Bartomeu Quetglas, José María Álvarez, José García o Juan Llull; jóvenes «libertarios», como los hermanos Josep y Miquel Moreno; un grupo de personas que venían de la acción sindical, como el mismo Mádico; y un conjunto de ideólogos, algo mayores que el resto, entre los que destacaba un supuesto grupo bajo el nombre de Terra i Llibertat, entre cuyos miembros se contaban Joan Cifre y Basilio Baltasar. Este último niega la existencia de dicho grupo. "Terra i Llibertat era un lema, nada más".

Fuera como fuera, el 5 de julio, un grupo de jóvenes se reunieron. Baltasar asegura que entonces entendieron el alcance de lo que tenía que ocurrir, "mientras jugaban imaginando lo que iba a pasar". Dos días después, empezaba la ocupación.

Recordemos ahora por qué se produjo. Una empresa, Patrimonial Mediterránea S.A. (Pamesa), había conseguido --de manera ilegal-- autorización para crear una gran urbanización en la isla, a la que pretendía «preservar» mediante reforestación en las zonas que no eran aptas para la edificación. Es inútil describir ahora aquel proyecto megalómano: basta decir que incluía helipuerto y una aldea para los trabajadores.

Y contra la ilegalidad se estableció la acción ilegal de los jóvenes, que culminaría, como se ha repetido hasta la saciedad, con la compra de la isla por parte del Consell de Mallorca en 1987 y la posterior declaración como parque natural en 1995.

Pero como en todos los cuentos fantásticos --y este lo es--, la maldad acecha a la pureza. Se ha sugerido repetidamente que Pamesa utilizó a los ecologistas como anzuelo para vender la isla con ventaja. "Es posible, pero es mejor pensar que simplemente conseguimos impedir la edificación de la isla", explica con un deje agridulce Miquel Moreno, uno de los jóvenes de Talaiot Corcat. Josep Lluís Mádico coincide en esta versión, pero añade sabiamente: "Lo importante es que la isla está protegida..."

Y, ciertamente, algunas de las circunstancias de la acción resultaron sorprendentes. ¿Por qué las fuerzas del Estado no impidieron la ocupación? Moreno recuerda que un barco de la Armada estaba allí, preparado para desalojar a las personas acampadas, a las que él daba cobertura logística desde Sant Elm (eran más los que trabajaban desde Mallorca, organizando a la gente y llevando víveres a los "afortunados que tomaban el sol en sa Dragonera"); y su furgoneta era seguida en todo momento por la Guardia Civil. Sólo un año más tarde, la Policía Nacional actuaba con contundencia contra los manifestantes a favor de la conservación de la isla.

Baltasar no cree que "nadie se plantease en serio la represión, apenas unos días después de las primeras elecciones democráticas desde 1936". Otros han apuntado que los hermanos Moreno, vinculados a la Cruz Roja, conocían las frecuencias de emisión de las fuerzas estatales para burlar su cerco. Como no podía ser de otra manera, Miquel Moreno lo desmiente.

El juego de los desmentidos es normal entre los protagonistas de aquella acción, calificada en su momento de "algarada ácrata". Parece que quienes organizaron y participaron de la ocupación desean pasar inadvertidos. En cambio, quienes quedaron varados en la playa de Sant Elm, intentando llegar a la isla, siguen soñando que lo consiguieron. Y todos dicen la verdad.

***

Baltasar: «Decíamos hace 30 años lo que Al Gore dice ahora»

El versátil editor y periodista Basilio Baltasar ha sido señalado de manera unánime y persistente como ideólogo de la invasión, aunque él haya declinado este cargo. Sin embargo, ningún testigo de aquellos años puede negar que fue el actual director de Relaciones Institucionales del Grupo Prisa el inspirador de la ocupación de aquella isla amenazada. Baltasar sigue reivindicando la pureza de aquella acción, en la que identifica el acta fundacional del ecologismo balear, pero también su vigencia. Según Baltasar, lo acaecido en 1977 bien pudiera repetirse hoy.

"¿Y por qué no?", se pregunta: "La ciudadanía, como entidad ilustrada, es un acto de creación y acción política constante. Basta estar convencido de ello para enriquecer a la comunidad con la iniciativa individual. Si la democracia no es participativa no será más que un espectáculo deforme de nuestros peores vicios colectivos."

Este carácter participativo, casi espontáneo y anónimo, fue uno de los aspectos garantes del éxito de la acción. "El éxito y la popularidad de la ocupación de sa Dragonera procede de las ideas y del espíritu con que se llevó a cabo. Salvar una isla «virgen» de la especulación, de la destrucción, del engaño", afirma. "Fue un acto de afirmación moral y natural. Se difundió a través de la intuición, no a través de farragosos actos de propaganda. No se pedía el voto ni la afiliación ni el aplauso: se tomó la iniciativa, y la invitación a participar estuvo abierta siempre. El olfato popular percibió claramente esta diferencia."

"Ninguno de nosotros nos dedicábamos, ni nos dedicamos después, a la política. No hubo siglas ni organizaciones ni ambición institucional. Fue una acción política, desde luego, pero entendida como el arte de crear situaciones nuevas, el arte de inventar el futuro", insiste. "Esa cultura de seminaristas celosos que regentaba los miedos sociales en Mallorca se resistía al libre intercambio de ideas, proyectos y acciones. Pero el ímpetu creativo pasó por encima de este corral de gallinas asustadas".

Se trataba, al fin, de exigir el cumplimiento de la legalidad, aunque fuera a través de una acción ilegal. Señala Baltasar que "la isla estaba protegida por la legislación hasta que una mano furtiva y clandestina, gracias a sobornos e influencias, modificó el plan de espaldas a los organismos «legales» para ejecutar la operación urbanística. Lo ilegal fue, como siempre, el acto de corrupción. La campaña por sa Dragonera fue un simple acto de salud política. Como lo ha sido, por otro lado, la reciente detención del alcalde de Andratx".

Sin embargo, existió una comunicación poderosa a través de la imagen que destacó en todo momento y atrajo la atención de muchos: "Antonio Socías, Pere Joan, Menéndez Rojas, Vicente Torres, Vicens Ferrer y Miquel Barceló fueron algunos de los jóvenes artistas (hubo también músicos, actores de teatro y poetas). Pero no era merchandising ni nada que se le parezca. Fueron actos de comunicación que transmitían la capacidad por inventar lenguajes y posibilidades. El marketing es una rutina comercial que invade la vida cotidiana de los ciudadanos, entregados a la práctica del consumismo banal. No tuvo nada que ver con nuestros arte-factos", puntualiza el pensador.

En cualquier caso, la ocupación de sa Dragonera no fue un hecho casual ni banal, y cambió de manera abrupta una visión de la sociedad cuando "la izquierda no sabía qué era el ecologismo y el GOB era un grupo de ornitólogos", aunque ya entonces "hizo un trabajo magnífico". "Sa Dragonera estrenó en Mallorca el ecologismo como fuerza política, como lectura e interpretación de los riesgos de la sociedad industrial, tal y como se conocía desde tiempo atrás en Estados Unidos y Europa. Lo que ahora dice Al Gore, lo decíamos treinta años antes nosotros". 

C. Canals

(Diario de Mallorca, 08-07-07)

Escriu-nos

 
Powered by Life Type - Design by BalearWeb - Accessible and Valid XHTML 1.0 Strict and CSS